Venezuela: a este lado del paraiso

Fecha 23/10/2006 0:10:00 | Tema: América

Existe un paraíso imperfecto. Un lugar de contrastes donde la calida luz del Caribe se sumerge entre las brumas andinas. Un especio indefinidido entre la montaña y el mar donde la sabana se adueña del horizonte y hace al viajero comprender la inmensidad que le rodea. Una reserva donde el Orinoco se abre al mar en un delta inabarcable y tropical donde la huella del progreso aún no ha erosionado la vida original. Ese mundo mágico se llama Venezuela.
Aunque no lo parezca por lejanía, su nombre procede de Venecia. Cuando los primeros españoles exploraban la zona de Maracaibo descubrieron pequeños poblados indígenas que habitaban en construcciones de madera asentadas sobre el agua. A aquellos europeos les evocó la imagen de una Venecia caribeña, la pequeña Venecia, Venezuela.
Abarcar Venezuela en una única ocasión es imposible. Yo no conozco todo el país, y creo que serían necesarios varios viajes para entender la idiosincrasia de esta tierra de contrastes. Lo primero es elegir, y Venezuela te permite muchas opciones: playas de belleza espectacular poco visitadas, montañas andinas donde el frío se impone a la humedad del trópico, selva virgen donde los indígenas mantienen su estilo de vida, extensiones inmensas de llanura, de sabana, y grandes maravillas como sus diversos parques naturales, el Salto del Ángel o Los Roques.
El litoral es una sucesión prodigiosa de rincones que parecen fruto de una explosión de vida, luz y color. La selva llega en muchos puntos hasta la costa, uniendo jungla y aguda, verde y azul, casi al punto de desconcertar al visitante, muchas veces desorientado ante el dilema de dejarse seducir por uno u otro.
Aún es posible encontrar pueblos auténticos, genuinamente venezolanos, poco contaminados por el turismo y que conviven en armonía con su pasado, presente en su arquitectura colonial y en sus costumbres.
Uno de estos pueblos se llama Choroní, entre el mar Caribe y el parque natural de Henry Pittier. En realidad, son dos pueblos: Choroní y Puerto Colombia. Antiguamente, las dificultades de acceso terrestre dejaron a ambos casi aislados. La ruta habitual para llegar era en pequeñas lanchas bordeando la costa. Un barco traía periódicamente provisiones, constituyendo casi su único nexo con el exterior. Todo ello ha permitido preservar la belleza de ambos. Choroní nació para dar cobijo a los terratenientes de las plantaciones de cacao próximas. Sus casas copian con precisión el estilo colonial, con sus soportales , sus tejas castellanas, rejas de hierro que parecen atrapar el tiempo en su interior, y fachadas de llamativos colores que confieren al conjunto el aspecto de una paleta multicolor aparentemente caótica, pero portadora de una belleza indescriptible al contemplar la totalidad del lienzo.
Puerto Colombia se construyó junto al mar por los mismos esclavos que antes habían trabajado en las plantaciones de cacao. Hoy es un lugar pintoresco, un pequeño pueblo pesquero donde es posible contemplar todas las noches una improvisada lonja en la calle donde se pesa, vende y traslada el pez espada y el pargo. Junto al pequeño embarcadero donde los camiones cargan el pescado, en la misma orilla del mar, hay un pequeño bar desprovisto de todo lujo; un mostrador gastado y dos mesas de madera constituyen su decoración. Pero merece la pena sentarse en una de ellas y observar el atardecer, que allí adquiere una tonalidad radiante. La vida está en la calle. Por la noche la gente sale al paseo construido en piedra sobre el mar. Se bebe ron, se habla y se baila. La música está asociada a las noches de Choroní gracias a los tambores. Resuenan en la noche acoplados con el rumor permanente del oleaje sobre la arena. Es una secuencia imborrable en la memoria de todo aquel que la presencia. Como el resto de Venezuela.




Documento disponible en Vive Tu Viaje
http://www.vivetuviaje.com/espa

La dirección de este documento es:
http://www.vivetuviaje.com/espa/article.php?storyid=103