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Africa : Tan solo Egipto. final
Enviado por LWRENCE el 21/3/2007 21:00:00 (877 Lecturas) Artículos del mismo redactor
Africa

MIERCOLES 31 DE ENERO... ... 10º DIA… EL CAIRO

TUTANKAMON

El día de hoy prometía. Nos habíamos apuntado a la excursión de la ciudad con la familia Roure y con Tarek. Éramos conscientes que visitar El Cairo y sobre todo su museo con nuestro guía, era una muy buena opción.

Desayunamos en otro bar del hotel, uno más pequeño, pero con tanta variedad de comida como el otro. Al cabo de pocos minutos, el autobús ya nos estaba recogiendo en la puerta del hotel.
Primero nos dirigiríamos al barrio copto, al barrio de los cristianos egipcios.
En tiempos llegaron a haber más de 40 iglesias en este barrio, de las cuales actualmente quedan unas pocas. Las pequeñas calles del barrio copto eran un remanso de paz en comparación con el caos del resto de la ciudad; los primeros callejones estrechos de adoquines, rodeados de altos muros de piedras, nos llevaron hasta la iglesia de San Sergio.
En esta iglesia esta la cueva que según se cree, fue utilizada por San José, la Virgen María y el niño Jesús para refugiarse durante la huida de Egipto. La iglesia es pequeña, bonita pero pequeña. A la cueva en cuestión se accede por el lado izquierdo del altar, con unos escalones que permanecían cerrados por una verja. Unas fotos al lado, muestran la cueva toda inundada de agua. Tarek nos contó varias curiosidades de este lugar, algunas entre la realidad y la leyenda.
Casi al lado de la iglesia está el cementerio copto que no visitamos. Seguimos andando por el barrio para visitar la Iglesia Colgante, dedicada a la Virgen María.

Creía que lo de colgante sería por que estaría en algún peñasco, o en alguna especie de ladera, pero no; Tarek nos dijo que estaba edificada en la parte superior de una entrada de agua en tiempos romanos. Tras cruzar una gran puerta de madera, entramos en un precioso patio, donde unas escaleras subían hasta la nave principal de la iglesia. Dentro, hay un montón de columnas, con una de ellas más oscura que el resto y que se cree que simboliza a Judas.

Salimos de la iglesia y nos dirigimos al autobús que nos llevaría hacía la ciudadela, residencia de los gobernadores de Egipto durante más de 700 años. En lo alto de una pequeña colina y con unas vistas preciosas de la ciudad, la Ciudadela es un conjunto de palacios, mezquitas, museos y alguna terraza llena de turistas y de fieles de varios países.
El autobús nos dejo en la entrada de la Ciudadela, y después tuvimos que andar unos metros hasta la entrada real de todo el recinto. El gran Saladino, empezó a construirla en 1176 para fortificar la ciudad frente el ataque de los cruzados. Casi sin dejarnos tiempo para contemplar el paisaje, Tarek nos llevó hasta la mezquita de Mehmet Ali. No tuvimos que descalzarnos, porqué Tarek nos dió unos plásticos para cubrirnos los zapatos, pero como yo llevaba unos zapatos grandes, los plásticos no me sirvieron para nada. I lo curioso es que teníamos que hacerlo para entrar al patio, cosa que me sorprendió, pues aunque sabía que en la mezquita si que tenia que quitarme los zapatos, no pensaba que en el patio, al aire libre, donde esta la fuente para las ablaciones, tuviera que ir descalzo.

Lo mejor de este patio, es la torre del reloj. Un reloj que regaló el gobierno francés al Egipcio, a cambio de un obelisco que está en la plaza de la Concordia, en Paris. Un reloj que jamás llegó a funcionar.
Entramos en el interior de la mezquita, y nos sentamos en el suelo para escuchar a Tarek. Esta vez sus explicaciones, además de las propias del lugar, versaron sobre el Islam, sobre como ser un buen musulmán y sobre los preceptos que esta obligado a realizar todo fiel.

Un grupo de niños de alguna escuela se acercaron a nosotros. Al cabo de un rato nos vimos rodeados por un montón de ellos, más de 20 que nos miraban con cara de curiosidad. Eran de un pueblo del interior de Egipto poco acostumbrados a ver extranjeros, y al vernos a nosotros en un recinto de culto para ellos, les atrajo la atención. Tarek se cabreó y fue a buscar a su maestra para que se los llevara de allí.

La mezquita es realmente preciosa. Sencilla, austera, pero su ausencia de ornamentaciones la hace ser especial. Mucha luz, que aportaban unas grandes lámparas colgantes. Nos sentíamos bastante observados. Supongo que estarán acostumbrados a ver a turistas, pero realmente noté que no estábamos en el mejor lugar.

Salimos al exterior y entonces si que tuvimos tiempo para pasear un poco y ver contemplar las vistas que nos ofrecía la altura.

Después de la Ciudadela, fuimos al paraíso de las compras y de los engaños, del regateo y del agobio... el bazar de Khan al-Khalili.
El autobús nos dejó en la plaza Midan Hussein. Un pequeño jardín, unos bares y las puertas del bazar. Tarek nos dio tiempo libre para que paseásemos por sus calles y nos citó a una hora en un bar de la plaza.

Entrar en Khan al-Khalili, es armarse de paciencia, de buen humor, es saber que en cualquier lugar te tomarán el pelo, pero al menos que te lo tomen con gracia. No es el mejor lugar para buscar calidad, aunque también se encuentra. Todo depende de lo que se busque, y sobre todo de lo que sé este dispuesto a pagar. Los comerciantes son unos auténticos profesionales de la venta; si es preciso te hablan en castellano, catalán o euskera si es necesario.

Nos adentramos por la calle principal, llena de baches, piedras y charcos de agua. Primera parada una tienda de papiros. Los vendedores, auténticos charlatanes, te convencen de que sus papiros son mejores que en cualquier lugar, que si el guía nos lleva a sitios caros, que ellos no tienen comisión, que los suyos están hechos a mano, e incluso comparan sus papiros con otros de pero calidad, para que notásemos la diferencia.
A mí me gustó uno muy grande del templo de Abu Simbel, pero el precio era excesivo. Al final nos pidió que le acompañásemos a otra tienda que tenía solo de almacén y allí terminó ofreciéndome el precio al cual yo había pujado desde el principio. Pero el papiro no era el mismo, era parecido y dije que no, que no me terminaba de convencer. Papiros, joyas de todo tipo, bisutería, camisetas, adornos varios, recuerdos de todos los templos habidos y por haber, tabaco, telas, trajes para la danza del vientre, tabaco, “sheeshas”, perfumes, y de todo lo que pudiésemos imaginar, lo podríamos encontrar en el bazar.
A mí me recordaba al de Estambul. Quizás más pequeño, pero con las mismas habilidades de sus tenderos para vender. Aún así, creo que al bazar hay que ir; aunque tan sólo sea a pasear, a dejarse “engañar” un poquito, pero a participar del juego del regateo y de la venta.

Nos reencontramos con Tarek y nos fuimos a comer. Era nuestra última comida con él. Fuimos a comer a uno de los barcos restaurantes que están anclados en el Nilo y que algunas noches, ofrecen cena con espectáculo.
Este se llamaba Maxim, y la comida ya estaba negociada. Tan solo teníamos que abonar la bebida como siempre. ¿La comida?, Bueno, dejémoslo en un regular. Por lo que pagamos por la excursión, podría haber sido mejor.

Y después de la comida, después de varios días de templos, dioses, faraones, historias y leyendas, íbamos a una especie de examen final de todo lo que habíamos aprendido... o no.
El museo Egipcio.
Pasamos por varios controles, alguno de ellos algo absurdo, y al final, entramos en el museo.
El museo egipcio alberga más de 120.000 reliquias y antigüedades. En sus sótanos hay aún muchísimas obras más por inventariar, que no verán la luz hasta que el nuevo museo que se ubicará cerca de las pirámides, abra sus puertas.
Hay tantas cosas por ver, tantas salas, tantos objetos que teníamos que hacer una selección, y claro esta, esta la hizo Tarek. El museo parece un viejo almacén; algunas salas tienen poca luz, bastantes piezas carecen del rotulo con su nombre, y si las hay suelen ser insuficientes, algunas vitrinas están supersaturadas de objetos, pero bueno, todo ello forma parte de su encanto, de su atracción.

En la primera planta, empezamos observando la estatua del faraón Zoser, realizada casi a tamaño natural. Seguimos por el ala izquierda de la planta inferior, observando tres estatuas negras, preciosas del faraón Mikerinos, flanqueado por dos diosas. Estábamos en las salas del imperio antiguo. Algunas salas las ignoramos, y en otras entramos para contemplar una o dos figuras, las más excepcionales de las estancias. Estatuas de Kefren, figuras de escribanos, de dioses y parejas reales... en algunas salas, hubiese querido detener el tiempo, quedarme entre sus paredes y recrearme con todas las maravillas que estaba viendo. En el otro extremo del pasillo, hay varias estatuas de mayor tamaño, colosales, como vigilantes pétreos de cada una de las estancias. Fuimos avanzando y llegamos a las salas del imperio medio, quizás las menos glamurosas de todas las que vimos.

Para llegar a las escalinatas que dan acceso a la segunda planta, cruzamos la sala central museo, llena de figuras impresionantes de faraones y dioses. Ramsés, seguía siendo el personaje más representado.

Subimos al segundo piso por las escaleras de nuestra izquierda, y nos encontramos primero con la taquilla de la sala de las momias. Lo dejamos para el final, y entramos a las galerías de Tutankamón. Estas galerías, eclipsan todo lo demás del museo. Decenas de vitrinas con más de 1700 objetos que se encontraron en su tumba, están apiladas, algunas veces sin demasiado orden. Uno de los mejores y más preciosos objetos es el trono del faraón; de madera, cubierto con laminas de oro e incrustaciones de piedras preciosas es una autentica maravilla.

En algunas vitrinas están expuestos decenas de estatuas de pequeño tamaño, como de juguete; son las estatuas de los sirvientes, los que te tenían que servir al faraón en la otra vida...

Entramos en la sala más especial de todas: la sala de las joyas del faraón, con su máscara funeraria como objeto más valioso. La de veces que la había visto en fotos, pero aún así impresiona. De oro macizo, de más de 11 kilos de peso, cubría la cabeza de la momia del faraón. Otras vitrinas de esta sala muestran diversas joyas y objetos de joyería.
A lado de esta sala, hay la de los sepulcros dorados de madera de Tutankamón; cuatro enormes sepulcros que encajaban uno dentro del otro, y que guardaban en su interior el sarcófago del joven faraón.

Cerca hay otra estancia con sarcófagos de faraones, algunos de madera, otros de piedra... todo el museo es un pequeño caos, un organizado caos de objetos, de vitrinas mal iluminadas y de turistas a todas horas.

Ahora tocaba ir a la sala de las momias reales. Después de pagar la entrada, y de comprobar lo timadores que son sus cobradores, entramos en la primera de las dos salas.
Algunas de las momias de los más insignes faraones y reinas de Egipto están expuestos en estas dos salas, en un ambiente sombrío y poco iluminado... Tutmosis II y IV, Seti I, Ramsés II, son solo algunos de las 22 momias que vimos. Me impresionó la de Ramsés II. Tanto había oído y visto sobre él, que el estar frente a él, frente al cuerpo de alguien que vivió hace tantos años me impresionó... cada momia tenia una característica diferente, una particularidad única; algunas con los dientes perfectamente visibles; otras con los ojos de cristal; otras con mas pelo, con las uñas visibles. merece la pena el visitarlo, aunque la entrada sea algo cara.

Salimos de la primera sala y entramos unos instantes en las salas de las momias de animales: perros, gatos, cocodrilos, pájaros e incluso carneros estaban expuestos como un complemento a las momias humanas.
Después entramos en la segunda sala de las momias, donde las que más nos llamaron la atención fueron las de las reinas Henttawy y Nodjmet, que tenían unas pelucas de rizos negros, y ojos postizos, que las hacían bastante aterradoras...

El tiempo, el maldito tiempo se nos estaba terminando, y debíamos salir del museo. Tarek nos estaba esperando para concluir la visita, el día y su trabajo con nosotros.

Habíamos decidido que en vez de volver a nuestro hotel, dejarnos aconsejar por Tarek para que nos indicase un local o lugar para poder ver un buen espectáculo de danza del vientre, pero que fuera bueno, nada de medianías.

Egipto es famoso por sus bailarinas de danza del vientre; son de las más reputadas en este arte, pero las mejores, suelen trabajar para los selectos hoteles de lujo de la ciudad. Aun así, Tarek nos recomendó unos barcos que dan cena espectáculo y que nos afirmó que eran de muy buena calidad. Nos llevó hacía uno de ellos, y nos dejó...
Adiós Tarek, adiós... tuvimos mucha suerte con él... fue un buen guía... y con la promesa de que nos vendría a ver a Barcelona, cuando viniese a visitar a su esposa, nos despedimos de él...

Preguntamos precios y horarios del espectáculo, y accedimos.
El lugar de embarque está decorado como si fuera la entrada de un templo, con figuras egipcias preciosas. En el interior del barco, los camareros vestían unos vistosos trajes y la decoración era bastante acertada. Y zarpamos. Íbamos a navegar de nuevo por el Nilo, pero esta vez de noche y tan solo por el Cairo. Casi al final de la cena, actuaron un dúo, que cantaron algunas canciones. Después vino un danzante bastante parecido al que vimos en el barco; giraba y giraba mientras hacia figuras con su traje piramidal y con unas espadas. No estuvo mal.

Después vino la bailarina. Menuda diferencia a la del otro día. Esta si que bailaba bien, además de tener una figura que apetecía mirar. Después del baile se fue acercando por las mesas para hacerse fotos con los clientes. Bebimos de nuevo vino egipcio, nos hicimos fotos con la bailarina, reímos, y disfrutamos de un paseo al abrigo de las luces de la ciudad. Recorrer el Nilo por la noche, tiene su gracia.

Después de un par de horas de viaje, nos dejaron de nuevo en tierra firme. Ahora había que pelearse para regatear el precio de un taxi e irnos cada uno a su hotel.
Habíamos pactado encontrarnos mañana al mediodía por la zona del bazar, pues al ser el ultimo día del viaje, lo habíamos dejado un poco a la expectativa...

Llegamos al hotel algo tarde, pero mañana no había que madrugar demasiado. Tan sólo lo justo para no quedarnos sin desayuno.

Quedaban pocas horas en Egipto. Y aún tendríamos alguna sorpresa. Pero eso sería mañana

JUEVES 01 FEBRERO... ...11º DIA …EL CAIRO

ANUBIS

Siempre me pasa lo mismo. El último día de un viaje, me invade una especie de tristeza y de abatimiento. Además hoy no teníamos nada preparado. Pasear por el bazar, callejear y quizás descubrir algún rincón del Cairo que mereciera una corta visita.

Desayunamos y antes de salir del hotel, hicimos un poco de excursión por la terraza exterior donde estaba la piscina. Una piscina que ahora no estaba en uso pero que seguro que en un par de meses más ya estaría en pleno funcionamiento. Cerca de la piscina, el hotel disponía también de un Spa. Empezamos a caminar por la calle dispuestos a buscar un taxi que nos llevara hasta Khan al-Khalili. Andamos unos metros desde el hotel, y paramos uno. Negociamos el precio y en unos 20 minutos nos dejó en la plaza Midan Hussein.

De nuevo volvimos a pasear por las misma calles que ayer, pero esta vez solos. El bazar se estaba despertando. Numerosas tiendas permanecían cerradas y las pocas que estaban abiertas mostraban muy poca actividad. Volvimos a la tienda donde tan solo 24 horas había pactado un precio por un papiro... y nada de nada. Lo de ayer ya no valía. Hubiese tenido que irme, que ir a otra tienda e intentar buscar el mismo papiro, pero me encapriché de uno, me gustaba horrores, y me imaginaba lo bien que quedaría en nuestro salón. El precio era superior al de ayer, bastante superior, pero aún así me parecía barato, muy barato. Y sobre todo cuando los comparaba con los papiros de la tienda en la que nos llevó Tarek. Compramos además alguno más y seguimos caminando por las poco transitadas calles.
En algunas tiendas, pocas, el precio es fijo. No se regatea. Nos metimos por calles estrechas y poco concurridas, entramos en lugares que parecían salidos de una película de ladrones...

Había que aprovechar para hacer las últimas compras. Y el bazar siempre es una buena opción. Cerca de las 12 recibí un mensaje de Laia; habían pactado un precio por un taxi para todo el día, y como era de 7 plazas nos invitaban a unirnos a ellos y planificar una ruta.
Nos pareció buena idea y aceptamos. Pero antes de encontrarnos con la familia Roure, entré en la mezquita de Sayydina Al-Hussein. Esta mezquita está considerada una de las más sagradas de Egipto, pues en ella es donde supuestamente se enterró la cabeza de Al-Hussein, el nieto del profeta. La entrada a los no musulmanes, está prohibida, sin embargo yo pude entrar.
Mientras estaba en el exterior, contemplando todo lo que se veía desde la puerta, una mujer quiso entrar. Los vigilantes de la mezquita le gritaron que no, muy enfadados y le mostraban un cartel escrito en árabe e inglés que decía “mujeres no”.

Yo pedí permiso para entrar, y me dijeron que si. Me quité los zapatos, y entré. La mezquita por dentro es grandiosa. Una inmensa alfombra roja cubre todo el suelo, y varias filas de finas columnas, rompen la imagen uniforme del interior. Hice alguna foto, para lo cual también pedí permiso, por si acaso, y salí. Tenía su encanto.

Nos encontramos luego con la familia Roure y nos explicaron su plan. Habían conocido a un taxista que se hacía llamar Juan, ...¿sería casualidad que todos los egipcios que hablaban un poco de castellano, se hicieran llamar Juan?...
Tenía un coche, bueno una lata con ruedas de 7 plazas y habían pactado un precio con él por todo el día, sin límite de horario ni de kilómetros. A mi me apetecía ver la ciudad de los muertos, y por lo tanto pensé que ir todos juntos sería más divertido.

Antes de acudir al taxi nos quedamos en las tiendas paralelas al bazar preguntando precios por una “sheesha”...la de vueltas que nos hizo dar la dichosa pipa de agua...

Conocimos a Juan, un señor de apariencia amable, con una taxi en el que llevaba una libreta donde todos los turistas que se subían con él, escribían algo. Decía que solo atendía a españoles, pero en su libreta había anotaciones en varios idiomas. Le pedimos a Juan que nos llevará a la ciudad de los muertos.

La ciudad de los muertos, es un cementerio. Un cementerio habitado por personas vivas.
Hace años algunas familias acudían el cementerio para merendar, pasar una tarde en compañía de sus antepasados. Incluso algunas familias con tumbas más importantes llegaron a hacer una habitación para las visitas, en las tumbas. Con el tiempo esta costumbre empezó a degenerarse, y poco a poco algunas famílias empezaron a instalarse allí.
Se calcula que viven más de 250.000 personas en el cementerio. Gentes de pocos recursos económicos que han encontrado en este suelo barato un lugar donde vivir. El contemplar ropa de una colada tendida entre las lapidas y antenas de televisión sobre algunos mausoleos, es algo chocante, muy chocante.

Entramos en el cementerio por una calle principal, sin asfaltar ,llena de casas a nuestros lados, casas que tras su fachada principal escondían tumbas. Juan paró frente a una casa que resulta que era la tumba de Mohamed Ali. Un montón de niños se acercaron al coche, mientras Juan nos repetía que no pasaba nada. Tuvimos que sacar entrada para ver la tumba.
El recinto era una colección de varias tumbas muy bien decoradas de esposas e hijos del tal Ali, aparte de la suya claro. Mientras todo el grupo escuchaba a nuestro guía, yo me aventure por alguna de las salas que tenían ventanales al cementerio. Era un curioso, y quería ver vida en un lugar de muerte.
Nos invitaron a subir por una escalera que conducía al techo del edificio. Y una vez arriba pude satisfacer mi curiosidad. Vida y muerte juntas en el mismo lugar. Algunas altas construcciones no me dejaban ver del todo, pero me hice una idea bastante aproximada de la ciudad, de la ciudad de los muertos.

Salimos de allí y Juan se ofreció a llevarnos a un sitio a comer. Aceptamos. No sabíamos donde nos llevaría pero nos dejamos llevar.
Después de un buen rato de paseo con el coche, llegamos a un restaurante a las afueras de la ciudad, en el que casi comimos solos. Nos sentamos en una mesa al lado del Nilo, de una parte del Nilo que no conocíamos. El menú estuvo sinceramente muy bien, y barato. El que parecía el jefe del lugar nos invitó al café, y se mostró muy amable con nosotros. Empezamos a pensar que el restaurante era de algún familiar o conocido de Juan, y claro, en Egipto todo el mundo se mueve a golpe de propina, de comisión.

Después de comer, pedimos probar una Sheesha, y el restaurante nos la trajo en unos minutos. Y además gratis. Las risas que hicimos con el aparatito, y las caras que poníamos al fumar eran un poema...aun resuenan en mis oídos las risas de todos.

Al salir del restaurante, problema. El coche no arrancaba. Yo aún no se como aun funcionaba.
Juan abrió el capo, toco un par de cosas, y zas, el coche arrancó.
Le pedimos que nos llevara a una tienda donde vendieran sheeshas de calidad y nos llevó al barrio de Gizeh. Pero antes de ver una tienda de pipas, nos llevó a una de papiros....y de nuevo más papiros....
“De total garantía”, con certificado de originalidad y todo eso, pero lo más sorprendente, es que el precio que marcaba el papiro, parecido a la fabrica que nos llevo Tarek, pues para nosotros y por ser amigos de Juan, teníamos un 60 y 70% de descuento. Yo estaba flipando. ¿En que lugar nos tomaron más el pelo?, ¿Cuál era el precio correcto?...a punto estuvimos de comprar alguno, pero al final lo descartamos.
Mientras esperaba en la calle, a que el resto del grupo terminase de mirar, pasaron por delante de mi dos chicos en camello por la calle. El lugar me recordaba a un suburbio de una gran ciudad en los años 50. Calles sin asfaltar, con basura en las calles, y una sensación de pobreza y de inseguridad tremenda.
Nos enfadamos con Juan, le dijimos que no queríamos más papiros, que queríamos una tienda de pipas.

Después nos llevó a una tienda cercana que parecía una especie de cacharrería, de almacén de trastos viejos, pero que también tenía objetos turísticos de venta. Las pipas de agua que tenían eran de peor calidad que las que vimos por la mañana en el bazar, por lo cual le pedimos que nos llevara al centro de la ciudad. Juan ya no estaba tan simpático. No había obtenido comisión en ninguno de los lugares que nos llevó y además se estaba haciendo tarde...

Paramos cerca del lugar donde habíamos cenado la noche anterior, y empezamos a recorrer las calles buscando tiendas donde vendieras sheeshas de buena calidad. Preguntamos en una que nos medio convenció, pero que al final desechamos. Tiendas de ropa, de zapatos, pero nada de las dichosas pipas.
En la calle Sharia Talaat Harb, entramos en la pastelería más famosa de todo el Cairo. La noche anterior ya nos sorprendió la cantidad de gente que había para comprar. Y hoy no dejamos pasar la ocasión de comprar unos dulces para llevarnos a Barcelona. La panadería se llama El-Abd y nos costó bastante tiempo que nos atendieran. Compramos dos cajas de unos dulces parecidos a las pastas de té, y seguimos buscando sheeshas.
Como no encontrábamos nada que nos gustase, volvimos al taxi para pedirle que nos llevara al último lugar del día. Íbamos a terminar el día, el Cairo y el viaje comprando una vez más en la zona del bazar. Volvimos a la tienda en la que por la mañana nos habían atendido, y esta vez si, compramos la pipa de agua.

Eran las de mejor calidad que habíamos encontrado. Negociamos el precio, pues entre todos nos íbamos a llevar tres y después de un buen rato de explicación, de montaje, de regateo y de risas, compramos nuestra sheesha.

A la hora de volver al hotel, la familia Roure se fue con Juan y nosotros cogimos un taxi que nos llevara al hotel.

Aún tuvimos tiempo de ir a picar algo en la planta 22. Había que aprovechar los últimos instantes en el hotel
Preparamos maletas, guardamos todas las compras y decidimos terminar el agotador día con un baño. Un baño relajante.

Todo llega a su fin. Todo tiene un principio y un final. Aunque para los antiguos faraones su final, era el principio de algo.

VIERNES 2 DE AGOSTO… … 12º DIA … EL CAIRO-BARCELONA

CLEOPATRA

Maletas hechas, recuerdos físicos bien guardados, y nuestra memoria llena de instantes y lugares increíbles.

Desayunamos y después nos sentamos en la recepción esperando a que nos vinieran a buscar.
Nuestro enlace de Galaxia nos presentó a su jefe, al responsable de todos los guías, y mientras esperábamos el transporte nos preguntó sobre el viaje, sobre lo que nos había gustado y lo que no, y sobre Tarek.

Cruzamos por ultima vez el Cairo, sus barrios más residenciales y elitistas, donde según nuestro acompañante vivía toda la familia y amigos del presidente de Egipto.

Llegamos al aeropuerto con bastante tiempo. Y después de facturar equipajes, o mejor dicho entregárselos a un representante de Galaxia, nos fuimos hacia las salas de espera. No tuvimos que sacar las tarjetas de embarque. Ellos ya lo habían hecho por nosotros. Los nombres no eran los nuestros, pero al menos los asientos estaban contiguos. En todos los vuelos internos que hicimos por Egipto, siempre viajábamos con la tarjeta de otra persona.

Sentados en una sala de espera con vistas a las pistas, esperamos al resto de viajeros y aprovechamos para gastar las últimas libras egipcias. Pensaba en Cleopatra, en la más famosa de todas las mujeres gobernantas de Egipto, y en que debió pensar, cuando por última vez contempló la tierra Egipcia.

Embarcamos, vuelo, comida en el avión y Barcelona aparecía por el lado derecho de nuestro avión.

Las rutinas de todos los viajes: espera de maletas, despedida de los nuevos amigos y regreso a nuestro hogar mientras por el camino se empiezan a contar las primeras anécdotas.

Egipto quedaba a miles de kilómetros. En mi cabeza una especie de saturación de nombres y fechas que tenía que empezar a digerir poco a poco.
Sé que quedó mucho por ver. También sé que jamás llegaré a ser un erudito en egiptología.
Pero también sé, que la mayor magia de Egipto, es que de alguna manera, de alguna forma sigo estando paseando entre sus templos, contemplando los relieves de sus grabados y enamorándome de los paisajes del Nilo.

No podía haber mejor destino para una luna de miel. De la misma manera que no podía haber luna de miel, sin la compañía de mi compañera, de mi diosa, de mi esposa, de mi amada Encarna.

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Autor Hilo

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