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Africa : Tan solo Egipto. 2ª parte
Enviado por LWRENCE el 21/3/2007 21:00:00 (907 Lecturas) Artículos del mismo redactor
Africa

SABADO 27 DE ENERO… … 6º DIA… … LAGO NASSER

AMON-RA

La primera noche en el nuevo barco, fué especial. Una suite, ver amanecer desde la cama, y sobre todo la sensación de intimidad que nos daban los vidrios opacos de la habitación.
Desayunamos, y tan solo unos minutos después el barco empezó a navegar. Tarek nos colgaba cada noche en el tablón de anuncios el planning del día, aunque también nos lo decia cada noche de viva voz, y ese día, lo íbamos a empezar navegando frente a los templos de Abu Simbel. Una nueva perspectiva de una imagen que ya formaba parte de los recuerdos de mi vida.
Subimos a la cubierta superior, e intentamos hacernos un hueco entre todos los turistas apoyados en la barandilla intentando captar imágenes de los templos. Creo que la pareja más joven de todo el crucero éramos Encarna y yo. Aquello parecía un viaje del inserso.

Y de nuevo, volví a quedar maravillado por la vista de los templos. El barco se iba alejando, mientras Abu Simbel empequeñecía acariciado por los primeros rayos de sol y un fuerte aire, nos impedía estar demasiado tiempo asomados a la barandilla.

El Prince Abbas tenía 4 pisos. Desde el exterior tenía un ligero aire a los barcos que cruzaban el Missisipi en el lejano oeste. Una zona de sofás y tumbonas en la cuarta planta y una quinta donde estaba la piscina y el jacuzzi, que la noche anterior habiamos visto que estaba bastante sucio.

Como el barco iba navegando, nos tumbamos en los sofás, tomando el sol, e intentando evitar el fuerte viento que nos azotaba. Después de un par de horas de viaje, llegamos a nuestro primer objetivo. Una visita panorámica, o sea desde el barco, del castillo de Kasr, o como lo llaman los lugareños Qasr Ibrim.
Es el único monumento nubio que se haya en su emplazamiento original, rodeado de agua, y sin poder llegar a él, por otro medio que no sea marítimo. Arqueología submarina.
Un pequeño islote en el cual están los restos de un templo erigido, destruido y vuelto a edificar sobre las ruinas del anterior varias veces. Se cree que llegaron a construirse seis templos en el mismo lugar.
El barco se detuvo a escasos metros del islote, para que pudiésemos tomar fotos mientras Tarek una vez más nos daba una nueva lección de historia. Contemplar los restos de unos muros, en la lejanía sin poder caminar por sus piedras, y después de haber visto las maravillas que habiamos visto, no era precisamente la mejor de las visitas que pudiésemos hacer, pero estaba en el programa, y había que parar.

Navegar por el lago Nasser, es diferente a navegar por el Nilo. Su gran extensión hace que prácticamente de la impresión de navegar por un mar, que no por un lago. A veces cuesta ver las orillas, y la sensación de extensión le quita encanto a la travesía. El crucero del lago Nasser es más un ejercicio de relax, que no de belleza. Aunque todo tiene su encanto.
Después de la visita panorámica, Tarek se sentó con nosotros a contarnos cosas de su vida. La habiamos insistido mucho sobre su historia personal, sobre sus dos mujeres, el Islam, la manera de pensar de un musulmán y el se dispuso a someterse a nuestro interrogatorio de la manera más cordial posible.
He de reconocer, que tuvimos una suerte inmensa con Tarek. A pesar de tener los típicos males de todos los guías, sus explicaciones, su trato con nosotros, y su buen humor fue un valor añadido extraordinario en este viaje.
Pasamos mas de una hora de charla, hasta que se hizo la hora de comer.
Hoy tocaba barbacoa en la cubierta.

Nos tuvimos que poner todo el grupo en otra mesa, pues la que Tarek había reservado para nosotros, ya había sido ocupada. Nos sentamos en una esquina del barco, resguardecidos aun del aire que soplaba y nos dispusimos a comer. Buffet de ensaladas y carne a la brasa hecha en la misma cubierta.

Después de comer, de nuevo volvían las visitas. Una lancha nos acercó a tierra firme, al desierto. Por primera vez, puse mis pies en la fina, dorada e inmensa arena de un desierto. La lancha nos dejó en la orilla, cerca del templo de Amada. Resultaba curioso que manadas de turistas se dirigieran a los mismos lugares, al mismo tiempo, lugares que tan solo instantes antes permanecían en la más absoluta tranquilidad.

El templo de Amada, es el monumento más antiguo que ha quedado de la zona del lago Nasser. Fué trasladado de una sola pieza desde su emplazamiento original, al que ahora ocupa, unos 2.5 kilómetros más lejos. Erigido en tiempos de Tutmosis III y de su hijo Amehotep II, faraones de la XVIII dinastía, el templo de Amada está dedicado básicamente al dios Amon-Ra.
Para las primeras explicaciones del lugar, Tarek nos situó en la parte trasera del templo, a salvo del sol que calentaba intensamente.
El templo en si, no es gran cosa, y mucho menos si se compara con la grandiosidad de los vistos anteriormente. Sus grabados interiores, reflejando las batallas del faraón en Palestina y como da muerte a sus enemigos, estaban bastante bien conservados. Otros grabados mostraban diferentes episodios bélicos en la historia de Egipto. La sala principal no debía medir más de 20 metros de largo, con grandes columnas que daban una sensación de agobio por la estrechez de la estancia.
Al salir, un lugareño jugaba con un escorpión. Lo tenía en sus manos y se lo ponía en su pecho mientras el bichito trepaba por su chilaba. Era la atracción. A cambio de una propina podías coger el escorpión tu mismo...Tarek nos comentó que a estos escorpiones les quitan el aguijón para que no puedan ocasionar ningún susto. Lo miramos con asombro, pero nadie fue tan valiente para probar la teoría de Tarek.
Caminamos unos pasos para hacer acercarnos al pequeño templo de Der.
De nuevo, las imágenes grabadas en sus paredes eran las de Ramsés, con su león, matando a sus enemigos. Muchos de estos templos eran erigidos en zonas lejanas de la capital, como muestra de que el faraón siempre estaba presente, y de que quien osase enfrentarse a Egipto, recibiría su castigo. Eran templos de advertencia, de frontera, de aviso....

Un camino nos llevó hacía la tumba de Pennut, caminando por las arenas del desierto. Ver las enormes extensiones de arena, y a escasos metros el agua del Nilo, es indescriptible.
La tumba de Pennut, un gobernador de la baja Nubia en el reinado de Ramses VI, es una pequeña cavidad en la roca, que muestra relieves con sus pinturas bastante bien conservadas y que de no visitarla, tampoco hubiese sido una desgracia. Lo mejor de esta visita, el paseo por el desierto y las ironías de Tarek sobre los demás guías que estaban dando sus explicaciones.

Terminadas las visitas, lancha y al barco. Llegamos justo para la hora del té. A las 5 de la tarde, igual que en el anterior barco, se servia té o café con pastas.
Hoy por la noche, teníamos un cóctel con el capitán. Y luego espectáculo Nubio. La noche a priori prometía, a priori.

Nos sentamos en la sala-bar-discoteca que tenía el barco, esperando a que fueran las 7 de la tarde. A esa hora se iba a producir la presentación de la tripulación y del capitán. En el centro de la sala, habían preparado una gran mesa con diversos cócteles, refrescos y canapés.
Un maestro de ceremonias hizo la presentación en ingles y francés, pero el capitán, no estaría. Estaba pilotando el barco. Cóctel del capitán, sin el capitán. Uno a uno nos fueron presentando a los miembros mas importantes del barco: el medico, el cocinero, el recepcionista, el contable, etc.etc. Y después a beber a la salud del invisible capitán.
Después del cóctel y de hartarnos de beber y comer, a cenar.
La cena era de gala, por lo que se recomendaba que todos fuésemos muy bien vestidos.

Y después de la cena, de nuevo al salón para el espectáculo nubio.
Bueno, lo que vimos a continuación, no se como catalogarlo. Los camareros del comedor, salieron a la pista sin saber que hacer, mirándose los unos a los otros y poniéndose uno al lado del otro haciendo pasos adelante y atrás.
Eso era el espectáculo nubio. Para no hacerlo tan patético, iban a buscar a las mujeres de la sala para llevarlas a la pista a bailar con ellos. Increíble. Y eso fue el espectáculo.

Después de la “divertida” sesión de baile, Encarna, Ana, Laia y yo empezamos a bailar la música discotequera que el aprendiz de discjockey ponía. El resto del salón, que era como un inserso multicultural, nos miraba con cara de no entender nada. Bailamos dos o tres canciones hasta que nos dimos cuenta de que aquello parecía más un funeral que no una fiesta, por lo cual, lo que mejor podíamos hacer era encerrarnos en nuestras habitaciones y que cada uno siguiera la fiesta como quisiera.

Mañana seguiríamos descubriendo Nubia.


DOMINGO 28 DE ENERO... ... 7º DIA… … LAGO NASSER

TOT

Me gustaba esto de ver a los demás sin que ellos nos vieran a nosotros, y sobre todo cuando nos paseábamos por la habitación completamente desnudos.

Desayuno y a visitar más templos. Hoy el día tenia una concentración de visitas por la mañana y el resto del día libre. Quizás fue lo que menos me gustó de este crucero, que faltaran actividades alternativas bien en el barco bien fuera de él. La sala del billar estaba cerrada, al parecer el billar estaba roto. Las piscinas no funcionaban a pleno rendimiento pues la temperatura no era demasiado alta, y los pasajeros del barco no eran precisamente una muestra de alegría y vitalidad.
El crucero del lago Nasser, era un crucero de relax, de calma, de dejar pasar el tiempo a la espera de las pocas visitas que el día proporcionaba.

Con una nueva lancha, nos acercamos a tierra firme, al templo de Wadi Al-Subua, el templo del valle de los leones.
De todos los templos que vimos por el crucero del Nasser, este era el más grande y el más bonito de ellos.
Trasladado también de su ubicación original para que no pereciera bajo las aguas del Nilo, el templo estaba precedido de una avenida con diez esfinges.
Templo dedicado también a Ramsés, albergaba en su entrada dos estatuas colosales del faraón.
Si algo me estaba quedando bastante claro es que Ramsés II, fue quizás el faraón más importante de todo el antiguo Egipto. El más longevo, pues vivió cerca de 90 años; el más constructor, batallador, y que hizo más por la grandeza de su país. Su abuelo Ramsés I, fue el iniciador de la XIX dinastía, que seguiría después con Seti I y ya por fin por Ramsés II.

Para entrar al templo, había que subir unas pequeñas escaleras que mostraban una imagen preciosa de las esfinges a nuestros pies.
Dentro del templo, hay un patio con 10 estatuas más de Ramsés, y algunas pinturas cristianas, pues el templo fue utilizado como iglesia por los cristianos.
En las puertas de todos los templos había siempre un vigilante, y Tarek los conocía a todos.

Dejamos el templo y emprendimos un camino hasta el templo de Dakka. El camino podía hacerse también en camello, pero me apetecía mas caminar por un vetusto camino rodeado de arena. Al fondo a nuestra izquierda, manadas de ovejas se veían a los lejos, dando un toque de color con sus colores blancos y negros a todo el paisaje.

El templo de Dakka no es gran cosa. Lo mejor del pequeño recinto son las vistas que se obtienen desde el, pues esta en un pequeño montículo de unos 12 metros de altura. El templo esta dedicado al dios Tot, dios de la sabiduría.
En la entrada del templo, teníamos otra muestra de la fauna del lugar. Un egipcio tenía dentro de una botella de agua de plástico, una serpiente. Una serpiente de picadura mortal.
Tarek nos contó que era un ejemplar que vivía por estos parajes. Una serpiente ciega, pero que ataca a toda fuente de sonido que oye.
Y lo que más nos sorprendió es que los vigilantes de los monumentos, dormían en el lugar. Con todos los bichos merodeando. Tarek nos explicó que ellos sabían como protegerse de todos esos bichos....

Después del pequeño templo, con sus pinturas más o menos bien conservadas, nos fuimos hacia el templo de Maharraqua, el más pequeño de los tres.
Una estancia con las paredes en bastante mal estado y con símbolos cristianos en sus piedras, era todo lo que quedaba de él. Si no lo hubiésemos visto, no habría pasado nada.

De regreso al barco, con todo el trabajo del día hecho, nos sentamos en el salón a hablar con Tarek. Seguíamos preguntándole por sus dos mujeres, y sobre todo como se alternaba para poder estar con las dos.

A las 12 del mediodía teníamos una película. Por el canal interno del barco nos ofrecían un video sobre el rescate y traslado de los templos de Abu Simbel. O sea que todos nos fuimos a nuestras habitaciones respectivas a ver el video. Al menos estaba en castellano.
En algunos momentos, me costó seguirlo, y no por que su contenido no fuese interesante, sino por la mala calidad de la imagen y sobre todo de su alocución.

Después del video, comida. Siesta en cubierta, té a las cinco y charla con Tarek sobre Egipto, historia antigua y moderna y el Islam....el día ya estaba hecho...

La última cena en el barco fue bonita. Nos hicieron un pastel en forma de pirámides de chocolate precioso; el pastel lo fueron paseando por todas las mesas para que pudiésemos verlo y fotografiarlo.
Anteriormente habíamos preguntado por la posibilidad de poder ver el partido de fútbol que el Barcelona jugaba con el Celta. Los cocineros nos habían dicho que ellos lo veían, puesto que todos eran del Barça.
Tras varias preguntas, dudas, esperas y demás, nos llevaron a Enric, Didac y a mi, a un camarote de la tripulación. Mejor dicho a un pequeño despacho al lado de la cocina, donde no se cabía. En una tele pequeña y con retrasmisión de la cadena Al Jazira, pudimos ver los últimos 20 minutos del partido.
Los cocineros, eran más cules que nosotros. Y el éxtasis para ellos les llegó cuando Dídac con su móvil les pasó al suyo el himno del Barça.
Salían al pasillo y lo repetían una y otra vez como si de un tesoro se tratara. Era curioso ver un partido con la locución en árabe. Me fijé que los nombres sonaban igual en castellano que en árabe.
Sentados en el suelo, sin espacio para moverse, pasamos unos minutos entrañables. Compartimos la pasión por un club a miles de kilómetros de nuestros hogares con unos cocineros egipcios.

Y después del partido, fuimos a buscar a las chicas, a pasear un poco por la cubierta viendo las estrellas y a despedirnos del cielo nubio.
Mañana volábamos al Cairo. Dejábamos la paz y la tranquilidad para adentrarnos al caos inmenso de la capital de Egipto.

Pero eso seria mañana.


LUNES 29 DE ENERO... .... 8º DIA… ASSUAN-EL CAIRO

HATHOR

Hoy teníamos que hacer por penúltima vez las maletas, pues dejábamos el Prince Abbas para dirigirnos al Cairo. Pero antes de llegar a la capital, teníamos algunas visitas que hacer.
La noche anterior ya habíamos llegado a Assuan; estábamos al otro lado de la Gran Presa, pero ya no íbamos a navegar más.

Nos subimos a la lancha que nos llevaría hacia el templo de Kalabsha. Por el trayecto nos íbamos fijando en la actitud tremendamente cariñosa de los dos policías que iban con nosotros. Para nosotros era signo de algo más que amistad. Para Tarek era algo normal.

El templo de Kalabsha se terminó bajo el mandato del emperador Augusto, cerca del año 10 d.C.
Estaba dedicado al dios egipcio-nubio Horus-Mandulis, y más tarde se utilizó como iglesia cristiana. Una impresionante calzada de piedra lleva desde el lago hasta el primer pilón del templo, que da paso a un patio con columnas precioso. En los muros están las inscripciones de varios faraones ante los dioses. El templo estaba bastante bien conservado, con unos grabados en las paredes que aun albergaban restos de pintura.

Dejamos el templo y seguimos andando por una calzada de piedra que nos llevaba al templo de Beit Al-Wali, la casa del hombre santo. Más de lo mismo. Un recinto pequeño con algunos grabados en sus paredes. Lo mejor de este templo, era una vez más los paisajes que nos ofrecían los decorados, el agua, las palmeras, el desierto....
Caminamos un poquito más y nos dirigimos al templo de Kertassi, o quiosco de Kertassi. Dos columnas de Hathor y cuatro columnas con capiteles preciosos mirando al lago Nasser.
Por los alrededores, un revoltijo de rocas con pinturas, restos de columnas y piedras sin ninguna ornamentación estaban esparcidas por el suelo.

Dejamos los templos nubios, el desierto, y volvimos al barco. Teníamos que esperar a que nos vinieran a buscar, y mientras nos entretuvimos observando los rituales del rezo de un egipcio en su huerto, al lado del barco.

El pequeño autobús nos llevó al aeropuerto de Assuan por segunda vez. Volvimos a pasar innumerables controles y a esperar en la sala nuestro vuelo al Cairo.

El vuelo al Cairo se nos hizo corto. Queríamos intentar ver las pirámides desde el aire, cosa que no fue posible, y casi sin darnos cuenta ya estábamos caminando por la terminal de llegada.
Un nuevo enlace de Galaxia nos recogió para llevarnos al hotel. Nos repartimos en dos autocares. Uno para la familia Roure que los llevaba al hotel cerca de las pirámides y otro para nosotros que nos llevaba al Conrad Cairo. A Tarek le vino a buscar un familiar con un taxi.
El trayecto hasta el hotel, nos dio una pequeña impresión de la ciudad. Y empezamos a comprobar que el Cairo, es un gran caos.

El Conrad Cairo, es una pasada. Una entrada impresionante, con mucha seguridad, detector de metales en los bajos de los coches y lo mejor de todo, la planta 22.
La planta 22 es un bar self service, gratuito, para todos los clientes de las plantas ejecutivas, las mas altas del Conrad, y que el Corte Ingles solía reservarlas para sus clientes.
La habitación nuestra, en la planta 23, tenia unas vistas al Cairo y al Nilo preciosas. Una cama inmensa, fruta en la habitación, y un baño completísimo.

Dejamos las maletas, colocamos la ropa y nos fuimos a merendar, a la planta 22, como no.
En el bar había varios tipos de pinchos salados ,algunos de dulces, y de 17 a 19 horas alcohol gratis. Si no había alcohol, teníamos refrescos a nuestra disposición.
Grandes sofás, la mayoría llenos de turistas que parecía que eran de alguna empresa, y lo mejor de todo, el Cairo a nuestros pies.

Teníamos toda la noche para nosotros, y pensamos en ir caminando hacia el centro, o hacia uno de los varios centros de la ciudad.
Eran cerca de las 8 de la noche, pero la actividad no decaía, al contrario, crecía a cada paso de las horas.
Ir andando por la ciudad del Cairo es jugarse el tipo continuamente. No hay semáforos y los pocos que hay no se respetan. No hay pasos de cebra; los automóviles no conocen los intermitentes; se circula por oído, a golpe de claxon; no hay señales de tráfico, calzadas de tres o cuatro carriles ocupadas por cinco o seis filas de coches, y nosotros nos íbamos a enfrentar a todo eso.
Mientras andábamos por la acera, el riesgo era mínimo, hasta que habíamos de cruzar una calle.
Después de jugarnos el físico en un cruce de carreteras, llegamos a la altura del museo egipcio.
Caminamos por su lado, intentando de nuevo cruzar la calle. El truco para cruzar una calle es ponerse cerca o al lado de un egipcio y cruzar junto a el, parando el trafico con la mano, sorteando los coches...
Un chico se nos ofreció a ayudarnos. Después de cruzar nos comentó que estudiaba español, que su novia era española, nos dio consejos sobre compras y además nos advirtió que los guías nos llevan a los lugares más caros, porque ellos tienen comisión.

Sin darnos tiempo de pensar, se nos ofreció a llevarnos a una tienda de papiros y perfumes que el conocía, y que “casualmente” estaban de liquidación.
Lo seguimos y efectivamente nos llevó a una tienda, nos dejó en ella y se fue.
La tienda tenía una gran exposición de papiros y en su parte interior ofrecía perfumes.
El chico que nos atendió, muy amable nos iba enseñando modelos de papiro, nos contaba las diferencias entre los buenos, que eran los que él vendía y los malos, todos los demás.
El precio nos parecía interesante, y terminamos seleccionando uno. El chico nos dijo que nos pondría nuestros nombres en jeroglífico. Todo estaba yendo muy rápido. El chico en el cruce, la tienda que cierran por liquidación, el papiro... y las prisas no son buenas.
Los nombres nos los escribieron en árabe, no en egipcio. Ya no nos gustaba tanto, y además nos pareció que el dueño de la tienda, que nos pintó los nombres, no hizo caso al chico que le pidió que nos los escribiera en dibujitos.

Después nos enseñó perfumes, le dio un pequeño masaje a Encarna en las cejas, y a mi me dio a oler menta para descongestionar mi nariz. Pero en el ambiente había algo que nos hacia estar incómodos. Empezamos a recapacitar para darnos cuenta, de que habíamos caído como dos tonitos en las garras de un captador. Alguien que amablemente se ofrece para ayudarte a cruzar la calle, te da consejos sobre compras y te lleva a una tienda de “total seguridad”...
Pagamos el papiro, mientras el dueño de la tienda se enfadaba porque no le comprábamos perfumes, y nos fuimos a caminar por las calles.
Eran más de las 9 de la noche, y las calles estaban llenas de vida, de una actividad increíble, con los comercios abiertos y ausencia total de turistas. Paseábamos por unas calles repletas de gente del país, y que casi con total seguridad a esas horas o en ese momentos los únicos turistas éramos nosotros.

Queríamos buscar un lugar para cenar alguna cosa, pero no encontramos ningún establecimiento de comida por las calles en las que paseábamos.
Al final, encontramos un local donde hacían Shawarmas, un local frecuentado únicamente por egipcios, con la carta en árabe, y ningún camarero que hablara ingles. Aventura.
Conseguimos hacernos entender y perdimos un shawarma mediano que venia acompañado por ensalada y patatas fritas en abundancia. A nuestro lado una mesa con 3 chicas egipcias nos miraba y sonreía, y hasta nos desearon un bienvenido a su país.

Éramos dos guiris, en un local poco acostumbrado a ellos. Después de cenar, caminamos ya algo cansados hacia el hotel, en unas calles repletas de gente, con puestos callejeros en todo momento, tiendas abiertas, y otros que ofrecían sus mercancías en una especie de top manta de todo tipo de productos. Me sorprendía tanta actividad. Intentamos no perder el Nilo como referencia, pues llegando a él, llegábamos al hotel. Y después de un largo rato de caminar, llegamos al Conrad... vaya caminata.
Para terminar con tanto cansancio, sobre todo de pies, lo mejor un baño. Y como la bañera invitaba a utilizarla, pues decidimos hacer uso de ella.

Un baño relajante, y a dormir...
El primer contacto con la ciudad había sido interesante. Pero mañana, por fin, iba a ver las pirámides. Miles de veces vistas en fotos... y podría entrar en una de ellas.

Pero eso sería mañana.


MARTES 30 DE ENERO… … 9º DIA ... EL CAIRO

KEOPS

Fue una de las noches que mejor dormí. Los efectos del baño de la noche anterior y la comodidad de la cama, hicieron que pasara una noche relajada. Lo primero que hice al despertarme fue asomarme al balcón y oír El Cairo. La vista desde nuestra habitación era espectacular; lástima que al ser una ciudad de las más contaminadas del planeta, las vistas no eran todo lo nítidas que debieran ser.

Bajamos a desayunar. Teníamos dos bares para elegir, aunque la chica de la recepción del bar, nos indicaba a cual debíamos acudir. El buffet, espectacular. Era imposible probarlo todo.

Con el depósito lleno esperamos en la recepción a que nos vinieran a buscar para llevarnos a las pirámides. El Cairo por la mañana, padece el mismo caos que por la noche. Se podría decir que toda la ciudad es un caos. El Cairo te enamora o lo odias, te vuelve loco, pero no te deja indiferente.
El trayecto hasta las pirámides fue largo, muy largo. Las distancias eran enormes en una ciudad de más de 20 millones de habitantes. El paisaje que veíamos era sencillamente feo. Tarek ya nos había enseñado una particularidad del país, y es que los edificios no se terminan. Era habitual ver la última planta de cualquier bloque sin terminar, con los encofrados a simple vista, y con las paredes sin pintar. Piso acabado, más impuestos. Así que para no pagar, dejar el edificio a medias, al menos exteriormente. Y ver decenas, cientos de edificios así, transmite una sensación de pobreza, de miseria, de caos, de frialdad...una ciudad inacabada.
Las pirámides se encuentran en la zona conocida como Meseta de Gizeh, a unos 10 kilómetros del centro de la ciudad. Aunque teníamos la impresión de estar saliendo del Cairo, sobretodo cuando circulamos por una autopista, la verdad era que no, que El Cairo no se termina nunca.

Las pirámides....las pirámides....construidas hace más de cuatro mil años, son las únicas supervivientes de las maravillas antiguas de la humanidad. Por la ventana del autobús veíamos las pirámides acercarse, envueltas en una bruma matinal que no las dejaba apreciar en su totalidad. Recogimos a la familia Roure en su hotel frente a las pirámides y ahora si que sin más dilación nos dirigimos a ellas.

Un control en la entrada, un absurdo control nos hizo bajar del autobús para pasar a pie por el puesto de control, mientras el autobús buscaba aparcamiento delante de nosotros.

Frente a nosotros, Keops. La pirámide de Keops.
Tarek nos dió las explicaciones pertinentes y nos dejó tiempo libre para que paseáramos, hiciéramos fotos, o simplemente nos quedásemos mirando la pirámide.
A Keops se podía entrar, previo pago de una entrada especial e intentando ser una de las 150 personas que pueden acceder por la mañana a su interior. Por la tarde, otros 150 más. Las visitas están controladas.

Ahí estaba. La pirámide más famosa de todas delante de mis narices. Me acerqué a sus piedras, a sus escalones medio derruidos, me subí como un turista más por sus piedras, la toqué, la memoricé, le hice fotos y sobre todo me asombré de cómo pudieron construirla.
Encarna había tenido la oportunidad en otro viaje, de entrar en su interior. Y yo me tuve que conformar con acercarme a su entrada y ver como algunos pocos privilegiados entraban en ella. Hubo quién queriendo emular algún alpinista empezó a subir sin parar por las piedras, intentando llegar a lo más alto de la pirámide. Vano intento, los vigilantes enseguida le llamaban la atención.
Hace años, miles de años, en tiempos del Imperio Antiguo, en tiempos del faraón Keops de la IV dinastía, en el 2550 a. C. esta pirámide empezó a levantarse. Miles de trabajadores dejaron aquí algo más que sudor. El faraón los alimentaba, cuidaba de ellos y sus familias, pero a cambio tenían que dedicar varios meses de cada año, a construir la tumba del faraón, una tumba que debía ser inexpugnable. Debía ser su reposo y el de todos los sirvientes que le acompañarían en la otra vida. La pirámide de Keops, fue la más grande de todo Egipto.
Llego a medir 146 metros de altura
Estaba tan excitado, que el tiempo pasaba sin darme cuenta. Al lado izquierdo de la pirámide, hay otras mucho más pequeñas, pero que están cercadas por los vendedores ambulantes y los camellos. Estas mini pirámides son las tumbas de las mujeres y las hermanas de Keops.

Algunos policías se ofrecen para hacernos una foto de los dos con la pirámide al fondo. Pero con propina claro. Afortunadamente siempre encontramos otros turistas a los cuales recurrir para ahorrarnos las monedas.

Primera dosis de pirámides superada; ahora a por otra.
Volvimos al autobús para dirigirnos con él a la pirámide de Kefren. Están muy cerca la una de la otra, pero nos llevaron en coche. Y en esta si que podíamos entrar.
Tarek nos dio la explicación correspondiente y luego nos acompañó a la entrada. Antes nos advirtió de la estrechez del interior, no apto si se padece claustrofobia.

La pirámide de Kefren, hijo de Keops, es algo más pequeña que la anterior. Mide 135 metros de altura, y en su cima aún conserva parte del recubrimiento original.
La entrada primero es un túnel que baja, con cuidado y con un techo muy bajo. Hay que andar casi en cuclillas, después se llega a una parte lisa, donde se puede andar sin problemas de pie, para llegar a una subida donde de nuevo tenemos que agacharnos. Los pasillos no están demasiado elaborados, pero casi no nos dimos cuenta, pues bastante teníamos en poder respirar un aire muy cargado e intentar evitar los golpes en la cabeza.

Al final, llegamos a la cámara funeraria. Un sarcófago de granito vacío, es todo lo que hay en una sala bastante grande, y con el nombre del arqueólogo que la descubrió pintado en la pared.
Nos quedamos solos en la cámara funeraria haciendo bromas sobre ella, y emprendimos el camino de salida. Casi al final de la salida, hubo un atasco, por lo que nos quedamos algún rato sin poder movernos en el túnel, y además agachados.

Había entrado en una pirámide. La experiencia fue positiva.

Después de la visita, de nuevo al bus. Ahora nos dirigíamos hacia una explanada cercana donde tendríamos una vista magnifica de las tres pirámides. En todo Egipto hay más de 90 pirámides, aunque las que se llevan la fama son las de la meseta de Gizeh.

Paramos en un terraplén lleno de tiendas de souvenirs. Tarek nos advirtió que no intentásemos contratar un camello de los varios que había al lado de los puestos, pues la experiencia no seria agradable. Hay bastantes denuncias de turistas que una vez subidos al camello y llevados desierto adentro, los han dejado allí, a no ser que les diesen todo el dinero que llevaban.

El sol, calentaba de lo lindo, y le daba a las pirámides unos colores preciosos.

Después de las pirámides, la visita a otro icono del país. La esfinge.

El autobús nos dejó en una calle, cerca de la estatua, y Tarek nos acompañó un poco por el recinto para enseñarnos la Esfinge y el templo del Valle, un templo dedicado a la momificación. Varias veces Tarek, nos había hablado sobre la momificación, sobre la extracción de los órganos de en los difuntos, sobre la ceremonia de la apertura de la boca y sobre la sal, el natrom que se utilizaba para la momificación. Una momificación duraba unos 70 días, y la mayoría, por no decir todas, las momificaciones se realizaban en este templo. Anubis, la apertura de la boca, las mascaras funerarias, los objetos para la otra vida, tantos y tantos datos sobre la momificación, nos fueron aportados entre los doce días del viaje.
¿Qué es la esfinge?, Varias teorías, varias interpretaciones...quizás todas o ninguna sea cierta, pero para nosotros era estar frente a una foto, una foto que hemos visto cientos de veces. Y ahora estábamos en vivo delante de ella.
La fase de restauración había terminado recientemente, aunqué con todos los andamios que había por el alrededor, parecía que nunca se terminase del todo Su acceso por la parte inferior, está cerrado. Está tallada en piedra natural, le falta su nariz, y seguramente tardará años en volver a mostrar una imagen espectacular, pero el mirarla, con las pirámides de fondo, impresionaba. Cuerpo del león. Cabeza humana.

Subimos por una especie de camino a la izquierda de la esfinge, haciéndonos cantidad de fotos, jugando con las distancias y la esfinge. Y el tiempo pasaba rápido. Debíamos salir e ir a buscar el autobús.

La mañana se complementaba con una visita a una fábrica de papiros. “De total garantía”, por supuesto, según Tarek.
Papiros preciosos los había, pero sus precios también eran mucho más altos.
Después de una breve explicación de cómo son los papiros auténticos y como son los falsos, una chica se presenta a tu lado, y no te deja en todo el rato que estés en la fábrica. A una distancia prudencial te va siguiendo para poder aclararte cualquier duda que se te plantee, y sobre todo comentarnos el tema de precios.

Encarna y yo escogimos un papiro que representaba a Tutankamón y su esposa y nos hicimos grabar, esta vez si, nuestros nombres en jeroglífico.
Aquello era una fuente de dinero. Autocares y más autocares no paraban de estacionar en sus alrededores. En la fábrica nos invitaron a Karkade, y si hacías una gran compra, también te regalaban alguna tontería. Aquí no se podía regatear...
Seguía sin entender como por un papiro me pedían 200 libras como mínimo, unos 30 euros y por la calle nos daban 30 papiros por 10 euros. Teóricamente los de la calle y la mayoría de tiendas eran de plátano, de pésima calidad y que olía mal; al menos teóricamente.

A parte del grupo lo dejaron por el centro de la ciudad. A nosotros y a la familia Roure, nos llevaban a ver la pirámide escalonada, Shakara y la antigua capital, Menfis.
No había tiempo de comer si queríamos aprovechar el día.
Menfis y la pirámide escalonada de Shakara están a unos 35 kilómetros del centro de la ciudad.

El legendario faraón Narmer, también conocido como Menes, fue el unificador del Alto y Bajo Egipto, en el año 3100 a.C. Durante años esta fue la capital de todo el imperio, trasladada más tarde a Tebas (Luxor). Aún así, Menfis siguió siendo durante años la segunda ciudad importante del país. Después de las invasiones musulmanas en el siglo VII d. C., Menfis empezó a despoblarse y a ser lo que es ahora. Una pequeña ciudad que vive de su fama pasada y de su museo al aire libre.

Lo primero que vimos al llegar a Menfis, es la impresionante estatua de Ramsés II, tumbada en un edificio. La vimos desde el exterior, pues antes nos dedicamos a pasear por un pequeño parque que contenía algunas estatuas más. Tarek nos siguió contando cosas sobre Menfis, mientras los vendedores de los puestos del lugar intentaban llamar nuestra atención.

El parque no es gran cosa. Tan solo un lugar para pasear con algunos restos de piedras de su pasado. Un pequeño museo al aire libre.
Luego nos dirigimos hacía el lugar donde estaba la estatua de Ramsés. Para observarla mejor en todo su esplendor, lo ideal era subir a un segundo piso y desde él, contemplar cada centímetro de la colosal estatua. Desde las alturas se tiene una perspectiva mejor, que permite observar todos los detalles de su elaboración, sus grabados...era inmensa, espectacular, y una vez más volvimos a quedar sorprendidos de lo importante que fue Ramsés II en la historia de Egipto.

Volvimos al autobús para dirigirnos ahora hacía Saqqara, y su pirámide escalonada. El trayecto fue corto, pues esta bastante cerca de Menfis.
Hacía mucho viento, mucho, y estábamos en lo alto de un pequeño terraplén. Antes de visitar la pirámide escalonada, construida por el faraón Zoser en el 2650 a. C, visitamos el templo. El templo forma parte de todo el complejo funerario de Zoser.
En el lugar, había bastantes más cosas que no vimos, bien por el escaso tiempo que teníamos, bien porque Tarek no nos lo enseñó y también porque el fuerte viento hacía la visita algo molesta.

La importancia de Saqqara se debe a que en su recinto se encuentra la primera gran pirámide que fue construida en suelo egipcio. Otro nombre muy ligado a Saqqara es Imhotep.
Imhotep fue un gran medico, sacerdote, pero sobre todo arquitecto y a él se le debe el mérito de la construcción de la primera pirámide de Egipto. La fama de Imhotep fue tanta, que incluso llegó a ser considerado como una especie de vice-faraón.

Entramos en el templo funerario, mientras Tarek nos iba contando las explicaciones pertinentes. Son tantos los datos que nos dió Tarek en todo el viaje, tantas anécdotas históricas, leyendas, que necesitaría miles de páginas para expresarlas con total claridad y seguro que me dejaría cosas.
Lo más impresionante de este templo son sus columnas, sus enormes y altas 40 columnas. El templo estaba dividido en dos por una calle principal, y en cada lado varias estancias que en su día fueron capillas. Tantas capillas como regiones tenía el imperio egipcio. Gran parte del templo está cubierto Me encantó esta gran sala hipóstila, y además estábamos resguardecidos del viento.
Al salir de la sala, a la derecha está la pirámide. Entre el templo y la pirámide una explanada de arena conocida como el Gran patio del sur. Cerca de la base de la pirámide hay un altar y casi en el centro del patio están dos construcciones de piedra en forma de B.

Además del viento, teníamos que librarnos de unos cuantos vendedores, sobre todo de uno que no dejaba de acosarnos con artículos de todo tipo.
La pirámide escalonada, tiene su encanto. De unos 60 metros de altura, está hecha de manera muy distinta a las que habíamos visto por la mañana. Seis enormes pisos, seis enormes escalones, mastabas, para una pirámide que en la antigüedad estaba recubierta de caliza blanca.
Por el lado derecho había un caminito que nos llevaba a la parte trasera de la pirámide, pero antes nos detuvimos en las construcciones que había. Restos de un templo, y de una especie de circuito que servia para comprobar la fuerza del faraón. Cada 30 años según Tarek, el faraón debía de demostrar que seguía siendo fuerte, que podía conducir al país, y por ello debía de competir ante todos los funcionarios de Egipto, en una ceremonia de rejuvenecimiento. Su contrincante, un toro.

Llegamos a la parte trasera, y vimos una estructura de piedra situada frente a la pirámide, que contiene una estatua, la figura del faraón Zoser, que mira impasible hacia las estrellas. Detrás de esta piedra se encuentra la entrada a la pirámide; una entrada que desciende por un laberinto de más de 6 kilómetros de túneles y cámaras subterráneas.

Un pequeño repechón, nos proporcionaba una vista de más pirámides. Estas eran las pirámides de Abu Sir, las cuales veía por primera vez. En todo Egipto, más de 90 pirámides esperan ser visitadas.
El viento no daba tregua, y emprendimos el camino de regreso, aunque antes subimos por unas escaleras, que nos proporcionaban unas preciosas vistas. A lo lejos, podíamos contemplar más pirámides, la pirámide roja, la romboidal, etc.

Estábamos caminando por encima de restos arqueológicos que Tarek no nos enseñó. Todo el complejo funerario es mucho más extenso de lo que vimos y merecería una visita con más tiempo... y sobre todo con menos viento.

Terminábamos las visitas de las pirámides. Ahora regresar al Cairo. La familia Roure, tuvo suerte, pues como estaban cerca, enseguida llegaron a su hotel.
Nosotros tardamos más de una hora y media. El tráfico ya de por si caótico, se agrava por la hora que era. Algún golpe del autobús, algún retrovisor golpeado, y tras una larga travesía por la ciudad, llegamos a nuestro hotel. Hotel dulce hotel.

Lo primero una ducha y después a picar algo a la planta 22.

Hoy queríamos cenar en un restaurante egipcio que Tarek nos había recomendado y que además venía indicado en nuestra guía, por lo cual nos fuimos de nuevo hacia el centro del Cairo. Quisimos coger un taxi, pero el tráfico seguía siendo más que caótico. Los coches estaban parados por lo cual empezamos a caminar hacia el centro de la ciudad.

Pasamos por delante de la sede de la televisión egipcia, que estaba protegida por una tanqueta militar. Las calles del Cairo empezaban a recobrar la misma imagen que ayer. Abarrotadas. Gentes sentadas en las puertas de los comercios, o de sus casas, viendo pasar la noche...
Lo peor fue encontrar la calle del restaurante, pues en ningún lado estaban puestos los nombres de las calles, ni los números. Volvimos a jugarnos la vida frente al museo egipcio para cruzar la calle, y de nuevo, “que casualidad” unos chicos se dirigieron a nosotros diciendo que eran estudiantes de castellano. No los dejé terminar, les dije que no me interesaba. La tomadura de pelo del día anterior, aún me escocía.

Nos adentramos el centro más céntrico de la ciudad intentando orientarnos con un mapa para encontrar el restaurante. Pero tuvimos que preguntar. No nos aclarábamos. Y tampoco estábamos tan lejos, tan solo a cruzar una calle y luego adivinar hacia que lado estaba el restaurante.
El Felfela restaurant, es un restaurante de dos salas. La primera pequeña, pero con más tranquilidad y cerca de la puerta. La segunda e interior más grande, ruidosa y mejor decorada. Al principio nos sentaron en la primera, pero nos cambiamos pues éramos los únicos en una sala para nosotros solos.
La comida egipcia me gustó. Todo lo que había probado hasta entonces me había sentado bien y sobre todo mucha variedad de comida. El Felfela, tenía unos buenos precios y un servicio bastante correcto. Los baños, con propina incluida al vigilante de ellos, estaban muy bien.
Cenamos, y después de la cena cogimos un taxi. Al salir del restaurante un señor nos dijo que si queríamos un taxi. Al responderle que si y a donde queríamos ir, fue a un piso cercano a buscar al conductor. Y hacia el Conrad.
Ir dentro de un taxi, es casi peor que ir a pie. No conducen como locos... ESTAN LOCOS...
Sinceramente, varias veces pensé que no llegábamos sanos al hotel.

Pero llegamos, y sanos. Era tarde, y estábamos cansados. Mañana tendríamos otro día duro, pero con una nueva joya: el museo del Cairo.

Pero eso sería mañana.


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Autor Hilo

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