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Africa : Tan solo Egipto. 1ª parte
Enviado por LWRENCE el 21/3/2007 4:10:00 (2029 Lecturas) Artículos del mismo redactor
Africa

TAN SOLO EGIPTO

VIAJE A EGIPTO DEL 22 DE ENERO AL 2 DE FEBRERO 2007

PRÓLOGO
La fascinación por Egipto, empezó antes de partir.

El embrujo de Egipto se apoderó de mí, de mi sed de aprendizaje y de mis deseos de saber todo lo posible de una civilización milenaria.

A la vuelta, me he dado cuenta de que nada sabía, pero quiero saber.

Ramses, Abu Simbel, Nefertari, Luxor, Karnak, Keops, Gizeh, Akenaton, Seti, Isis, Osiris, Ra….
Nombres y más nombres con decenas de historias y leyendas tras ellos.
Cada historia con decenas de versiones, y cada versión con decenas de interpretaciones.
Faraones que eran dioses, dioses que fueron humanos, templos colosales y por encima de todo…
El río Nilo. La fuente de la vida para Egipto.

Tan solo los que han visitado Egipto saben lo que se siente.
Y los que aún no lo han hecho, empezaran a comprender todo lo que significa este país, estas historias, estas leyendas.

Que los dioses te acompañen.


LUNES 22 DE ENERO… … 1º DIA… … BARCELONA-LUXOR

NARMER


Egipto. Egipto. Son tantos los estereotipos que vienen a mí cuando pienso en este país, que creo que no seré capaz de transmitir con objetividad todo lo que vi, lo que aprendí y lo que disfruté con cada una de las piedras que mis ojos observaron.

Viajar a Egipto se había convertido en un reto, en más que un deseo, largo tiempo deseado. Y en unas fechas en que el calor aún no era demasiado extenuante, y con un motivo especial como es un viaje de novios, Egipto nos aguardaba.
Nuestro vuelo de Egipteair con destino a Luxor, tenía que salir a las 15 horas. Y con unos pocos minutos de retraso dejamos la ciudad condal para dirigirnos a la ciudad de Luxor.
Se me hizo excesivamente largo el viaje, y eso que las 4 horas largas de vuelo no eran excesivas, pero la impaciencia de llegar no me dejaba ni pegar ojo. Los nervios se mezclaban con impaciencia. Pero todo llega, todo termina.

Aterrizamos sin problemas en Luxor y nada mas descender del avión ya teníamos al representante de Galaxia esperándonos. Primero nos junto a todos en un rincón para ponernos el sello de entrada al país y a que le fuésemos dando todos los vouchers del viaje, y los billetes de avión para la vuelta; después fuimos a recoger las maletas. Sin novedad. Todas llegaron bien.
Y después de los controles de rigor, no demasiados en comparación con todos los que vimos después, tocaba esperar.
El vuelo de Madrid llegó casi a la vez y tuvimos que esperar que estuvieramos todos juntos para repartirnos después en diferentes autocares.
Salimos fuera de la terminal. Por primera vez el aire egipcio azotaba mi cara. Estaba emocionado, y tan solo era el aparcamiento de un aeropuerto.
Nos dividimos en dos autobuses. Los de la motonave Amarco, más numerosos iban en otro. Nosotros, junto con unos pocos más nos íbamos a la Aljamila.

El trayecto hasta el embarcadero fué rápido. Nuestro enlace aprovechó el trayecto para cobrarnos el visado. 27 euros por cabeza, sin regateo.
Intenté fotografiar en mi memoria cada imagen que veía a través de la ventana del bus, de la noche de Luxor, de las pocas luces que las calles me mostraban. Los letreros en árabe, las mujeres de negro riguroso vestidas con su traje característico, los hombres con chilaba, calles sin asfaltar…Egipto.

Llegamos al embarcadero y la primera sorpresa se presentó ante nosotros. Para acceder a nuestro barco, debíamos de atravesar dos antes. Los barcos aparcan en paralelo, pegados los unos a los otros y la recepción de cada barco se convierte en una improvisada pasarela.
No se si los barcos que crucé eran más lujosos que el nuestro, pero desde luego la entrada del Aljamilla no desmerecía para nada.
Nos dieron un refresco, el Karkade, y nos separaron en dos grupos. Los que íbamos a hacer el crucero del lago Nasser, teníamos de guía a un tal Tarek Hassan.
Y allí nos tocó la lotería.
Nos dieron las llaves; teníamos unos pocos minutos para dejar las maletas y a cenar.

Nuestra habitación estaba en el cuarto piso, pero con vistas a otro barco que estaba al lado del nuestro. En la habitación una botella de vino, cortesía de la empresa por ser luna de miel. La habitación, preciosa.
Bajamos a cenar, y nos tuvimos que sentar en unas mesas redondas que ya estaban reservadas por la agencia. En las mesas ponía TAREK.
Encarna y yo en una mesa para los dos solos. La cena tipo buffet, buenísima, abundante y de calidad. Los camareros muy pendientes de los clientes, y un aroma de inicio de algo excitante en el ambiente.

Primeros comentarios con el matrimonio Roure, que hacían el viaje en compañía de sus dos hijos. Entablamos una buena amistad con ellos a lo largo de estos 12 días que nos esperaban.

Cenamos y a dormir. Mañana tocaba madrugon a las 4.30 de la mañana. Iba a ser el día más duro de todos. Pero daba igual. Me hubiese ido ahora mismo a recorrer las calles, a sentarme delante de un templo y ver salir el sol desde su puerta.
La excitación me estaba superando. Y tan solo llevaba poco más de 4 horas en Egipto.


MARTES 23 DE ENERO… … 2º DIA… … LUXOR

HATSHEPSUT

Fueron muy pocas las horas que dormimos esa noche, pues a las 4.30 de la madrugada ya nos estaban despertando por teléfono. El día iba a ser muy, pero que muy largo.
Ducha, desayuno y a las 5.30 partimos en bus hacia la orilla occidental de Luxor.

Luxor, Tebas, Uaset, Al-Uqsur... varios nombres para la misma ciudad. Aunque en la actualidad Luxor se utiliza para describir la parte moderna de la ciudad, y Tebas para las ruinas de la antigua capital en la orilla occidental.
La historia de Tebas está llena de períodos de gran esplendor, alternados con otros de decrepitud. Durante el Primer Periodo Intermedio, Tebas se fortaleció y llegó a dominar a Heracleópolis, la capital del Norte. El faraón Mentuhotep, reunifica el país y traslada la capital de Egipto a Tebas. Tebas florece y con ella templos espectaculares. Aunque posteriormente la capital fue trasladada a Menfis, Tebas siempre conservó la capitalidad ceremonial del país.
Tras el fin de los faraones, llegó la época cristiana y posteriormente la islámica, y con ello la oscuridad para Tebas. Hoy Tebas, Luxor, suele ser el inicio o el final del turístico crucero por el Nilo. Para mí, era la primera puerta a un mundo tan lejano como apasionante.

El día empezaba lentamente a asomar, de la misma manera que las palabras de Tarek, empezaban a brotar sin pausa de sus labios. Nos explicó el plan del ajetreado día, para acto seguido empezar con la primera de las clases magistrales de historia en las que convertía cada visita.
Cruzamos el río. El sol salía por el oriente, por el mundo de los vivos. Y se ponía por occidente, por el mundo de los muertos. Los templos funerarios, las tumbas, todo lo relacionado con el mundo de los muertos, estaba en el lado occidental del Nilo. Y medio muertos, pero de sueño, empezamos con la primera de nuestras visitas. El valle de los artesanos o Deir al Medina.
El autobús nos dejó en una pequeña explanada, para subir por unas escaleras hasta la entrada de las tumbas.

Muchas de las personas importantes y los artistas que trabajaron en las tumbas reales vivieron y fueron enterrados aquí. Podíamos entrar a dos tumbas, pero por turnos, pues la estrechez de la tumba y la dificultad de su acceso, hacían que tuviésemos que turnarnos para entrar. En la entrada de cada tumba, un lugareño sé hacia notar para que a cambio de alguna propina, posase con nosotros para una foto. Entramos en la primera tumba, la de Inherjau, que era la tumba de un médico de la dinastía XIX y que tenia unos relieves increíbles de bien conservados. Las paredes estaban cubiertas por un cristal, pero las pinturas conservaban los colores después de miles de años. Increíble. Las escenas representadas eran las primeras que veíamos en el viaje, aunque después muchas de ellas fueron repetidas en otros templos. No podíamos ni filmar ni hacer fotos, pues los vigilantes venían detrás nuestro para evitarlo.

Después de la primera, entramos en otra, en la tumba de Sennedjem, un arquitecto que trabajó para las tumbas de Seti I y Ramses II. La decoración era magnifica, pero para bajar a las tumbas, un casco, no hubiese ido nada mal, puesto que el techo era muy bajo.
Al lado de las tumbas, están las ruinas de la aldea de los trabajadores, donde se podían distinguir perfectamente las viviendas y las calles de la ciudad. Tarek nos explicó el funcionamiento de la ciudad, los turnos de trabajo, las semanas de 10 días, el secretismo de los que Vivian aquí... etc, etc...
En la entrada del recinto, y también al lado de las tumbas, policías. Muchos policías con sus metralletas en mano, y el escudo protector antibalas erguido en el suelo.

El lugar no es muy visitado y fue el único sitio de todo el viaje, en que nuestro grupo era el único en el lugar.

De nuevo al autobús para dirigirnos al templo de Medinat Habu, nuestro primer templo.
Es el segundo templo en tamaño, después del de Karnak. Con las montañas tebanas al fondo, y los primeros rayos de sol iluminando sus paredes exteriores, el lugar era ideal para pasear tranquilamente unas horas.
El templo estaba en un principio, dedicado al dios Amón. Tutmosis III, Hatshepsut y sobre todo Ramses III fueron los encargados de agrandarlo, levantando edificios y añadiéndolos posteriormente al inicial. Tarek nos contó como apreciar la diferencia entre un templo funerario y otro de fiesta, mirando únicamente su fachada.
Los templos de Fiesta tienen como cuatro ventanas en lo alto de la puerta principal, dos a cada lado y bajo ellas unas hendiduras en la fachada. Los funerarios solo dos.
Cuando un faraón estaba vivo, era el señor del alto y bajo Egipto, y del cielo y la tierra.
Cuando estaba muerto, tan solo era el faraón del cielo y la tierra. Por cada titulo una bandera. Dos o cuatro.

Y entramos en el templo. Una pequeña estatua nos da la bienvenida mientras Tarek nos seguía explicando cosas. Al entrar en el primer patio, al aire libre, con sus columnas, un pequeño escalofrió recorre el cuerpo. Inmensas columnas llenas de grabados y de jeroglíficos, nombres de dioses y cartuchos. Estaba en un templo construido hace casi 3500 años.
Unos relieves increíblemente perfectos nos llamaron la atención. En el se ve a Ramses III, como vencedor en varias guerras y como los escribas cuentan los enemigos abatidos, contando pies o genitales. Cuantos más enemigos muertos, más prestigio para un soldado.

Entramos en el segundo patio, donde unas columnas más gruesas que las primeras y con grabados igual de preciosos nos esperaban. Este patio conducía a otro, menos espectacular pues tan solo las bases de las columnas permanecían en su lugar. Los “vigilantes” del lugar se apresuraban en llamarte para enseñarte una sala que ellos tenían cerrada con una madera. A cambio de esta “atención”, una propina. Y lo que se ve en las salas que enseñan son los mismos grabados y pinturas que se pueden visitar libremente.

No fue el mejor templo que vimos, pera era el primero y quise retener en mi retina cada una de las imágenes que vi.

El Valle de los Reyes era el siguiente punto de destino. Iba a entrar en una tumba real.
Se cree que los antiguos egipcios escogieron este lugar como lugar definitivo para su descanso por razones simbólicas. Era una zona aislada y relativamente fácil de guardar. Hay 62 tumbas excavadas y se sospecha que hay muchas más, pero no todas están abiertas.

El autobús nos dejó en la entrada, donde después de que Tarek nos diese las entradas a cada uno, empezamos a padecer una de las plagas de Egipto: los vendedores ambulantes.
Un pequeño trenecito blanco te lleva hasta las primeras tumbas, aunque la distancia es de unos pocos metros. Supongo que en verano, con el fuerte calor se agradece, pero como ahora la temperatura no era demasiado fuerte, casi fue más una turistada el viaje que no otra cosa.
Podíamos visitar 3 tumbas... ¿pero cuales? Tarek había decidido por nosotros.
Llegamos a la primera tumba, la de Ramses IV.
Tarek nos dio la explicación de cómo era la tumba en el exterior y después nos dejó tiempo libre para que la visitásemos.

Y entramos en una tumba real. Al cruzar la puerta, un largo pasillo descendente, con todas las paredes llenas de pinturas y jeroglíficos, nos conducía hasta el sarcófago de granito rojo, uno de los mayores de todo Egipto. Enorme. Varios pasajes del Libro de los Muertos estaban pintados en sus paredes. Un guardia vigilaba que no hiciéramos fotos, mientras yo me las ingeniaba para poder hacer aunque solo fuera una. Mientras salíamos de la tumba, pudimos contemplar la pintura de la diosa Nut, que se extendía por todo el techo. En el exterior un plano de la tumba con información de ella y de sus hallazgos, ayudaba a hacerse una idea mejor de lo antes visto.

Caminamos unos metros por un lugar lleno de turistas, y con un sol, que sin ser muy picante, calentaba bastante. Nos detuvimos ahora en la tumba de los hijos de Ramses II, en la cual no entramos pero Tarek nos contó muchas cosas sobre ella.
Ramses II, tuvo 111 hijos, muchos de los cuales están enterrados en esta tumba.
Después entramos en la tumba de Ramses IX.
La distribución de la tumba, era parecida a la anterior, con un largo pasillo cubierto de pinturas y relieves, hasta que al final se llega al lugar donde un día, estuvo el sarcófago.
Y por ultimo vimos la tumba de Ramses III. Esta tenía un pasillo muy largo, y a mitad de él, en su lado derecho había una sala, que estaba llena de pinturas representando pasajes del Libro de los Muertos. Las pinturas conservaban aún sus colores y era una delicia estar allí contemplándolos. Lastima que no paraba de entrar gente y no se podía estar ni cinco minutos tranquilo. En el otro lado, un pasillo llevaba a una pared con relieves y pinturas del faraón. Al terminar de descender por el pasillo principal, se llegaba a una sala de la cual no se veía el final, y que estaba llena de piedras, como si la tumba se hubiese terminado rápidamente.
Se terminaron las tumbas. Y cuando empezamos a caminar en busca del trenecito, nos detuvimos en la tumba más famosa de todas.

La tumba de Tutankamón tiene una entrada especial de 100 libras egipcias, unos 14 euros, y como no había tiempo libre, pues teníamos mucho por ver y poco tiempo que perder, nos quedamos sin verla. De hecho la tumba de Tutankamón no es de las más bonitas ni grandes. Su fama se debe a que fue la única que se encontró intacta, y sus tesoros no fueron pasto de los ladrones de tumbas.
Los faraones nada más llegar al trono, empezaban a preparar su tumba. Esta era la obra más importante en la vida del faraón, pues para ellos era un espacio sagrado desde el que alcanzar su supervivencia en él más allá. El destino del faraón estaba en el cielo, junto a los dioses y su muerte era tan solo el inicio de su regeneración. Una vez fallecido el faraón, tan solo se disponía de 70 días para la finalización de la tumba, de sus grabados; es por ello que muchas tumbas de este valle se han encontrado inacabadas o con signos de haberla querido terminar apresuradamente. No se sabe a ciencia cierta quién fue el primer faraón enterrado en el valle; algunas fuentes apuntan a Tutmosis I y otras a Amenofis I.
En cada tumba, el faraón era enterrado con multitud de objetos para que le sirvieran en la otra vida, así como comida, bebida y figuras de sirvientes para procurar todas las comodidades al faraón.

De nuevo al trenecito y al autobús. Me hubiese gustado hacer el camino a pie. La distancia era corta, pero había que darse prisa. Correr. Correr.

Siguiente parada: vista panorámica del templo de Hatshepsut, que es lo mismo que decir verlo desde lejos, sin poder subir por sus rampas, o pasear por sus salas.

Y aunque Tarek sacó una entrada, esta no era para acercarnos al templo. Y aun así, visto desde lejos impresiona. Cierto que el interior del templo no tiene nada, que esta semidestruido, pero me hubiese gustado ver algo más de cerca este templo.
De Hatshepsut hay muchas cosas que contar... una mujer en el trono de Egipto.
Antes de llegar, Tarek nos fué contando toda la particularidad del valle, de sus habitantes, de apariencia humilde, pero que esconden grandes fortunas...
Se cree que la mayoría son saqueadores de tumbas, que conocen caminos hacia las tumbas y que no desean moverse de allí. Sus casas se caen, y el gobierno Egipcio les ha dado nuevos alojamientos porque desean excavar y reformar el valle, y sus habitantes, no quieren marcharse.

Paramos unos minutos para hacer alguna foto, desde la lejanía, con cientos de turistas que cruzaban por delante de nosotros, y a seguir.
Ahora tocaba Los Colosos de Memnón.

Y de nuevo varias teorías sobre ellos. Una que fueron edificados por Amenofis III, como parte de su templo, y cierto es que al lado de los colosos sé esta excavando lo que parece ser los restos de un templo. Los colosos serían la puerta del templo. Y otra teoría decía que en la época grecorromana, los griegos decían que eran estatuas del legendario rey Menón, rey de Etiopía e hijo de la diosa Eos, que fue asesinado por Aquiles en la guerra de Troya.
Son feos, pero tienen su encanto. Unos grandiosos bloques de piedra, con la forma de dos personas sentadas y delante de ellos decenas de turistas con sus cámaras fotográficas en mano.

Vistos en foto, no parecen tan grandes como son en realidad, y al estar delante de ellos, impresionan por su altura y lo bien o mal conservados que están.

Con los colosos terminábamos la orilla occidental. Ahora debíamos de cruzar de nuevo el Nilo para llegar a Luxor, y a los templos de la ciudad.
El primero, que íbamos a visitar era el que da nombre a la ciudad: el templo de Luxor.
El autobús nos dejó a escasos metros del templo, los suficientes para comprobar desde el exterior lo grande que era. Dos enormes estatuas de Ramses II, flanqueaban la entrada, y como veníamos haciendo ya durante todas las visitas, Tarek nos reunió en la entrada para empezar a explicarnos él porque del templo. En la fachada principal, los muros están decorados con relieves del faraón Ramses II, y que narran la famosa batalla contra los Hicsos, la batalla de Qadesh.
El templo de Luxor, fue construido en gran parte por Amenofis III, sobre un anterior templo de la reina Hatshepsut. Esta consagrado básicamente al dios Amon, aunque Hatshepsut lo había dedicado a la tríada de dioses Amon, su esposa y diosa Mut, y el hijo de ambos Khonsu.
Tanto Amenofis, Ramses II, Tutankamón, Alejandro Magno y varios gobernantes romanos, fueron añadiendo ampliaciones del templo.

Cruzamos la entrada, con las estatuas de Ramses II vigilándonos, y llegamos al primer patio, lleno de columnas con grabados de las hazañas de Ramses II y unas estatuas más pequeñas del faraón construidas en granito negro. El lugar estaba abarrotado de gente; parecía una calle principal de una gran ciudad en el primer día de rebajas. Era imposible intentar hacer una foto sin que ningún turista (básicamente japoneses) se cruzara por delante. Desde el patio se ve la mezquita de Abu Al Haggag, construida en el siglo XIV sobre las ruinas de Luxor y a la que se puede entrar desde el exterior del templo. Seguimos caminando por una pequeña entrada para llegar a un camino lleno de columnas que comunican los dos patios. Dos filas de 7 columnas cada una, con 16 metros de altura, daban paso a un segundo patio, el patio de Amenhotep III Las enormes columnas de este patio, rivalizan en grandiosidad con las anteriores. La sala hipóstila, que venia a continuación es increíble. Jugamos a escondernos detrás de unas moles enormes de granito, con inscripciones que aunque no sabíamos que decían, si que intentábamos adivinar algunos conceptos, que Tarek ya nos había empezado a explicar. Intentar captar las 32 columnas de la sala en una foto, era misión imposible.

Seguimos avanzando para llegar ya al final del templo, donde estaba la capilla principal. Por el camino, diversas estancias se nos mostraban a ambos lados, y en cada una de ellas, las imágenes eran preciosas. Comenzaba ya a diferenciar entre el dibujo de un dios y un faraón.

Lo único que estropeaba el lugar era la gente, aunque en estos últimos metros había disminuido un poco la cantidad. Empezamos a salir del templo, pero antes nos quedamos un rato observando una estatua de mármol blanco de Tutankamón y su esposa. A pesar de que le faltaba algún trozo, era preciosa.

Salimos del templo de Luxor. Un enorme obelisco de granito rosa nos recibía. Originariamente había dos, pero ahora el otro esta en Paris.
Frente a nosotros, la avenida de las Esfinges. Anteriormente esta avenida llegaba hasta el templo de Karnak. Tres kilómetros de avenida entre tempo y templo, y que a día de hoy se encuentra sepultada bajo la Luxor moderna. Numerosas esfinges, algunas algo rotas, nos miraban. Sentadas, inmóviles pero vivas, al contemplarlas era como si esperase que en algún momento empezasen a rugir, y nos castigaran por querer fotografiarnos tan cerca de ellas, tocándolas en algún momento.

Salimos por una puerta diferente de donde habíamos entrado, para dirigirnos ahora al templo de Karnak.

Más que un templo Karnak, es un espectacular complejo de santuarios, obeliscos, estatuas y columnas. El templo principal de Karnak es el templo de Amon.
El conjunto mide 1500 metros de largo por 800 ancho. Durante el reinado de Ramses III, más de 80.000 personas trabajaron en o para el templo. Construido, ampliado, desmantelado, restaurado, ampliado de nuevo y decorado durante mas de 1500 años, Karnak fue uno de los lugares de culto más importante de Egipto.

No puedo describir lo que sentí, cuando al acercarme a la entrada al templo, tan solo veía gente. Manadas de gente. Como si todos los turistas del mundo se hubiesen juntado en Karnak. La espectacular entrada flanqueada por esfinges con cabeza de carnero, pasaban desapercibidas ante la marabunta de turistas como nosotros.

Al cruzar la entrada, dejando atrás las esfinges, una sensación de agobio me estremecía. Yo era un turista más, cierto, pero me molestaban todos los demás. Antes de llegar a la segunda entrada, que daba a la joya del templo, dos estatuas enormes de Ramses II, con otra estatua de mujer entre sus piernas nos hacían de guardianes. Era Nefertari. Su esposa favorita. Al lado, la impresionante columna de Taharqa, rivaliza en altura con las estatuas del faraón. Y llegamos a la sala hipóstila.

Había visto columnas, enormes columnas, pero no como estas. La luz se apacigua entre las columnas, como queriendo rendir pleitesía. El sonido se vuelve lejano y casi desaparecieron la mayoría de turistas. Estar en medio de la sala hipóstila, es una sensación especial.
Esta sala fue construida por Amenofis III, Seti I y Ramses II.
134 columnas, en una sala de 6000 metros cuadrados, con grabados increíbles de las vidas de los faraones. Algunas columnas aún conservan restos de los colores que algún día adornaron sus grabados. Me acordaba de alguna película rodada entre estas columnas, y aun me parecían más bellas. Conseguí un rato de tranquilidad, para quedarme en silencio, observando la imagen de unos bellos pedazos de piedra.

Dejamos la sala, para salir por la derecha a un patio al aire libre, donde lo primero que vimos era a un grupo de personas dando vueltas alrededor de una piedra. La piedra era una escultura de un escarabajo, animal sagrado que representa a Kepri, dios del sol naciente y una de las representaciones del disco solar de Aton. Y alguien les dijo al grupo de turistas (los guías) que si daban 7 vueltas a la figura, podrían pedir un deseo y este se cumpliría.
Frente al escarabajo, el lago sagrado. Un pequeño lago, de limpia agua, donde los sacerdotes de Amon se bañaban dos veces al día y por la noche, como ritual de purificación.

Era curioso ver como cada vez que llegaba un grupo de turistas, la mayoría lo primero que hacia era ponerse a dar vueltas al escarabajo. En el mismo lugar, detrás de la distracción giratoria, hay dos obeliscos. Uno erguido, alto, imponente, con sus 29 metros de altura, el mayor de todo Egipto. Otro en el suelo, caído. Obeliscos erigidos por la reina Hatshepsut, en honor a Amon.

Hatshepsut era hija de Tutmosis I. Se casó con Tutmosis II, su hermanastro, y poco a poco empezó a tener influencia en el gobierno.
A la muerte de Tutmosis I, el matrimonio de hermanos toma las riendas del país y ella como mujer del faraón, era la esposa del dios Amon y por lo tanto estaba al frente del clero femenino.
Su esposo tiene un hijo con otra mujer, al que llama Tutmosis III. La temprana muerte de su marido, deja a Tutmosis III, demasiado joven para reinar, por lo cual Hatshepsut toma las riendas de Egipto como faraón regente. En un momento dado, Hatshepsut deja la regencia y se proclama único faraón de las tierras egipcias con el apoyo del resto de los poderes del estado que ella hábilmente hizo a su medida. Sobretodo se ganó a los sacerdotes.
Una mujer no podía ser faraón. Para lograrlo, hizo creer al pueblo que ella era hija de la diosa Hathor. Y en varios de los relieves que aparecen en algunos templos, se ven imágenes de la diosa Hathor criando a Hatshepsut.

Hatshepsut reina, manda, decide, mientras su sobrino crece y por causas que aun no se saben, ella, la faraón de Egipto desaparece y Tutmosis III, se sienta en el trono de Egipto.
Se inicia entonces una persecución de la memoria de la reina. Se destruye su nombre, y se la borra en numerosos templos y monumentos. El obelisco tirado de Karnak, conserva algunos trozos con el nombre de Hatshepsut, borrado o destruido. Él porque de este querer destruir su memoria, sigue siendo un misterio a día de hoy.

Pero a mí me daba igual. Yo estaba disfrutando del obelisco, del lago y del templo, sea de Amon, de Isis, de Ramses o de quien quiera.

Encarna y yo nos quedamos solos, momento que aprovechamos para explorar la parte más alejada del templo, el santuario de Amon-ra y los restos de los jardines.

El nivel de personas había caído bastante, por lo cual pudimos pasear por Karnak, con relativa tranquilidad. Comprobamos como levantaban los templos, con rampas de adobe para subir cada vez más alto las piedras y nos pudimos fotografiar con estatuas, esfinges y carneros.
Al salir del templo, una última mirada hacia la avenida de las esfinges, ahora infinitamente más vacía de publico que al entrar.

Me faltó tiempo para poder disfrutar más de Karnak, pero los horarios mandaban, y nuestro horario estaba condicionado por el paso de la esclusa de Esna. Y por el convoy.
Un convoy, una escolta policial, nos acompañó a nosotros y a otros autocares más. La seguridad.
Tarek nos decía que el país tan solo quería dar sensación de seguridad, que no había para tanto. Y debíamos de salir en punto para llegar puntuales al barco, y poder salir lo antes posible.
Debíamos cruzar la esclusa, y el barco que antes llegaba, antes cruzaba. De llegar pronto, dependía no hacer mucha cola y no padecer retrasos que nos obligaran a hacer menos visitas el día de mañana.

Regresamos al barco para comer. Nuestro barco, Aljamila, tenia 4 plantas. En la primera estaba el restaurante y algunas habitaciones. Al comer, estábamos al mismo nivel del agua, viendo como el agua salpicaba los cristales del comedor.
En el segundo piso estaba la entrada al barco, la recepción y más habitaciones.
En el tercer piso estaban las tiendas de recuerdos y la joyería, aparte de alguna habitación más.
Y por ultimo, en el cuarto piso, el bar discoteca y las habitaciones con mejores vistas, por su altura...siempre que ningún barco se instalase a nuestro lado.
Aun había una cubierta superior donde estaba una piscina, el jacuzzi, unas deliciosas tumbonas para tomar el sol y un pequeño bar que solo habría por la tarde, para la hora del té.

Después de comer, y muy bien, en un extensísimo buffet, nos fuimos a la habitación para ponernos ropa cómoda y tomar el sol.
Antes de “zarpar” tuvimos tiempo de contemplar un espectáculo curioso. Unos vendedores ambulantes, se acercaban con su barca a vendernos chilabas...desde la barca.
Cogían una chilaba, la metían en una bolsa de plástico y la lanzaban al barco, a la cubierta o a las habitaciones. ¡!! Un euro! un euro!!...
Pero un euro, era solo por mirar...para las chilabas había que regatear, como no.
Hubo quien con este sistema sé junto con 5 o 6 chilabas en su habitación...que luego lógicamente terminó comprando más de la mitad.

Empezamos a navegar, mientras Encarna y yo tomábamos el sol en la cubierta. A ratos nos dedicábamos tan solo a contemplar los paisajes que el Nilo nos ofrecía. Palmeras y más palmeras bordeando él rió, con el desierto a su lado...una explosión de colores y contrastes se nos brindaba a los ojos. Hay que verlo para entenderlo.
El tiempo pasó rápidamente y a las 4.30 de la tarde, una campanita nos avisaba para la hora del té.
Un té o café con pastas. Navegando por el Nilo. Tomando el sol...

Lo mejor aún estaba por llegar. Y es que el que no ha visto una puesta de sol en el Nilo, no puede decir con orgullo que ha estado en Egipto. El sol lentamente se escondía en las pequeñas dunas de arena que a lo lejos nos mostraba el paisaje. Los colores cambiaban tan rápido que en menos de un minuto las tonalidades eran totalmente opuestas a las anteriores. Y de fondo, en el aire, el sonido de alguna ave que sobrevolaba el barco. Idílico.

La tarde fue totalmente de relax, y sin darnos cuenta, llego la hora de la cena. Dios, si apenas habíamos hecho ejercicio!!!.

Al cenar, cuando Encarna y yo estábamos a punto de ir a buscar los postres, los camareros salieron todos a la vez de la cocina, cantando y haciendo ruido con ollas y cacerolas.
El Maître se acercó a nosotros con una tarta. Nos la enseñó. Era una tarta de chocolate, mediana, con unas letras que ponían “feliz luna de miel”, y fue enseñando la tarta a todas las mesas. Cuando terminó, nos vino a buscar y nos llevó junto a los camareros y a que bailáramos con ellos alrededor de la mesa de los pasteles.
UF!!!. Vaya. En ese momento todo el barco se enteró de que éramos unos recién casados en su viaje de boda. Nos hicieron partir la tarta, darnos un beso e invitaron a más chicas a que se pusieran con nosotros y los camareros a bailar. Resulta que nos estaban cantando una canción de boda egipcia.
Después del pequeño show, todo fueron besos, felicitaciones y el tener que contar a todos que si, que estábamos de luna de miel.
Fué una sorpresa agradable. La tarta, lógicamente era para todos, pero fue divertido.
Al terminar la cena, nos fuimos a tomar un café en el bar, y nos sentamos con la familia Roure.
Charlamos de varias cosas, reímos y empezamos a presentarnos un poco todos.

El tiempo pasaba y optamos por una retirada prudencial. Hoy habíamos madrugado bastante y como primer día en Egipto, no estuvo mal.
Claro que si queríamos podíamos también levantarnos a las 3 de la mañana para ver el paso del barco por la esclusa de Esna, pues esa era a priori la hora en la que deberíamos cruzar.

Creo, que no iba a levantarme.

Mañana seria otro día. Otro gran día.


MIÉRCOLES 24 DE FEBRERO… … 3ª DIA… … LUXOR-ASSUAN

HORUS

No nos levantamos para ver el paso por la esclusa de Esna. Y menos mal que no lo hicimos pues de la hora de la hora prevista de las 3, resulta que la esclusa la pasamos sobre las 6.

Desayunamos, y como seguíamos navegando, nos dedicamos a contemplar el paisaje desde la cubierta. Aunque era pronto, hacía ya algo de calor.

Y antes de que nos diésemos cuenta, estábamos ya en Edfu.

Desembarcamos y nos subimos al autobús. Cada vez que desembarcábamos, y siempre que después de subir a bordo, el barco empezase a navegar, nos daban una tarjeta que debíamos entregar al subir. Sin tarjeta, no se subía.
Numerosas calesas estaban aparcadas en la ribera del río, y Tarek nos comentó que antiguamente las utilizaban para ir hacia el templo de Edfu, dedicado al Dios Horus, que era el que visitábamos ahora, pero que algunas estafas a los turistas, y algunos intentos de robo, han terminado por no hacer el traslado al templo de esta manera.

En menos de 5 minutos llegamos al templo. El autobús nos dejó en la entrada donde hay un pequeño bazar de tiendas, unas al lado de otras. Tarek nos advirtió que no nos detuviésemos ahora, que luego tendríamos tiempo y nos dió una hora de regreso.

He viajado por bastantes lugares, he soportado el acoso de los vendedores, en las calles, bazares, he soportado a los pedigüeños...pero lo que vimos aquí, supera todo lo imaginable.
Nada mas bajar del autobús, y mientras todos nos dirigíamos en fila india hacia la entrada del recinto, una multitud increíble de vendedores nos asaltaban a la vez...
Nos daban tarjetas, nos ponían papiros en las manos, chilabas, nos llamaban por cualquier nombre para llamar nuestra atención, y todo ello en menos de 50 metros. Fue increíble. Jamás había dicho No!!!, tantas veces, ni había rechazado tantas “invitaciones” y lo que es peor, a la vuelta debía de volver a pasar por allí... y ellos nos estarían esperando, pues sabían que ahora no nos detendríamos...”después aquí amigo”...”te espero amigo”...”aquí engañamos menos”...

El templo del dios Horus, el dios Halcón, hijo de Isis y Osiris, es como no, precioso.
Aún que ya hace más de 5000 años que había un templo en el lugar dedicado al dios Horus, este templo que visitábamos ahora, tal como está, es del 237 a. C.
En el siglo XIX, fue redescubierto, semi enterrado en la arena, con escombros y parte del pueblo de Edfu también oculto.
A pesar de ser más reciente, conserva todos los detalles de los templos faraónicos más antiguos. Su fachada principal, o pilón como se le llama, está flanqueada por dos enormes halcones de granito.
Antes de entrar en la sala hipóstila, una enorme estatua del dios Horus, era blanco de todas las fotos de todos los que entrábamos en el templo. Como siempre, los lugareños, los que hacía de guardianes de los templos, nos llamaban para hacernos fotos con ellos, a cambio de alguna propina.

En todos los monumentos había siempre policías, guardias turísticos y siempre armados.
Los guías, solían dar propina a estos hombres, pues sus sueldos de 80 euros al mes, no les daba para nada. La propina es una forma de vida en Egipto. Es la forma de vida. Cualquier acción que se realice, debe de ir acompañada de su propina correspondiente. Nosotros íbamos con las propinas incluidas, y la verdad es que es una tranquilidad, pues nunca sabías ni cuanto ni cuando soltar algún billete.

Dentro de la sala hipóstila, de 12 columnas, había dos pequeñas habitaciones. Una era la biblioteca, que albergaba los textos rituales del templo. La otra era una especie de sacristía, donde se guardaban las vestiduras y las vasijas de los sacerdotes.
Dejando esta sala, entramos en otra más pequeña pero con también 12 columnas, y una habitación que era utilizada como laboratorio. Los ingredientes estaban escritos en los grabados de las paredes.
La sala carecía un poco de luz, pero era preciosa. En cada grabado intentaba adivinar quienes eran, que dioses aparecían, y si había algún faraón. Mis conocimientos iban en aumento, pero Tarek nos contaba tantas cosas, que al final teníamos una empanada mental de dioses y reyes que mezclábamos a la menor oportunidad.
Tarek empezó a caerme simpático y creo que ese sentimiento fue mutuo hacia el grupo, pues poco a poco empezaba a contarnos cosas sobre él, sobre su vida, sobre el Islam.

Por un lateral de la segunda sala, hay unas cámaras con escaleras que conducen a un altillo con vistas a todo el templo. Si queríamos subir, hacia falta dar la propina correspondiente. Encontramos otra entrada y subimos escaleras arriba, pero la puerta que daba al exterior estaba cerrada.

En la parte más interior del templo, está el santuario de Horus, donde aún está el monolito de granito pulido que albergaba la estatua de oro del dios. Encima de este monolito, hay una reproducción de la barca de madera en la que se sacaba la estatua de Horus en procesión.
El interior del santuario, esta completamente pintado con jeroglíficos y dibujos.
No había demasiada gente por el templo, por lo cual pudimos pasear libremente, y hacer todas las fotos que quisimos sin ser molestados demasiado.

Ahora tocaba salir, y enfrentarse a la jauría de vendedores.
Y no fue tan brutal como al principio.
Como por la noche teníamos la tradicional fiesta de disfraces, teníamos que comprarnos una chilaba, y a pesar de que en el barco vendían, creía que aquí estarían más baratas.
Entramos en una tienda, la de Mohamed, que amablemente nos enseñó varios modelos para Encarna y para mí. Al final, después de mucho regatear, y de comprobar que en esto de la venta son unos artistas, cuando me había decidido por un modelo, él quiso cambiármelo por otro, por lo que me enfade y me fui. Mohamed al ver que perdía la venta, me siguió por media calle para ofrecerme el que yo había elegido. Pero no. Me fui a otra tienda.

En esta, claro está también me timaron, o mejor dicho me engañaron con gracia. Al final había aceptado que cada vez que quisiera comprar algo, me engañarían como ellos quisieran. Pero al que me “timara” con más gracia, pues a este le acabaría comprando.

Compre dos chilabas, que pensando que había hecho una buena compra, resulta que las había pagado mas caras que en el barco, y además, no eran tan bonitas. Pero en fin. No todo sale perfecto.

Al llegar al autobús, esperamos unos minutos, y cuando era la hora de partir, Tarek comprobó que faltaba un matrimonio. Unos amigos le dieron su teléfono y Tarek les llamó. Debían de venir ya, o si no coger un taxi al barco, pues no podíamos esperar.
Por fortuna para ellos, llegaron en unos minutos, pero Tarek una vez dentro del autobús, les dio un pequeño tirón de orejas... les dijo que éramos un grupo y que los horarios eran sagrados, pues dependíamos de muchas cosas y un retraso en una hora de salida, nos podía hacer perder una visita posterior.

Llegamos al barco, y antes de zarpar vimos que en la orilla había también puestos callejeros de chilabas y recuerdos. Ana, la mujer de Enric, el matrimonio de Barcelona del cual nos habíamos hecho ya amigos, quiso bajar a comprar, pero no le dejaron. Partíamos ya.

Comimos, y después de comer, siesta en la piscina. Me puse el bañador y me remoje un rato en el jacuzzi, que estaba muy solicitado. La piscina grande no la probé, pues aunque hacia calor, el viento que soplaba, desanimaba un poco.

A media tarde, el té, las pastitas y con el atardecer y las puestas de sol preciosas, llegamos a Kom Ombo. Íbamos a ver el templo de noche, con luces pero de noche. Culpa del retraso en el paso de la esclusa de Esna.
En la antigüedad el templo de Kom Ombo, se llamaba Pa Sebek, tierra de Sobek, en honor al dios cocodrilo de la región.
Visitar un templo de noche tiene su encanto, aunque te pierdes algunos detalles, las luces, las sombras y el ver un templo con una luz diferente esta bien, siempre que la cámara de fotos me sacase las imágenes con una buena calidad.

El templo está encima de una pequeña colina, donde antiguamente tomaban el sol los cocodrilos. El templo, lógicamente esta dedicado a Sobek, el dios cocodrilo.
Su construcción data de los tiempos de los faraones Ptotolomeos, en el 200 a. C. aproximadamente.

Es un templo original, tiene una asimetría perfecta, con duplicación de todo: dos entradas, dos patios, dos columnatas, dos salas hipóstilas, santuarios... se cree que en el templo había dos grupos de sacerdotes, uno para cada dios... Sobek y Haroeris, el Horus anciano.

A pesar de que era de noche, la cantidad de personas que había, era increíble. Antes de entrar en el templo, fuimos a una capilla en la derecha del templo, donde había varios cocodrilos momificados.

Entramos en el templo, y buscamos un lugar para escuchar a Tarek. Era difícil, pues todos los guías hacían su trabajo en los mismos lugares, y siempre molestábamos a alguien. Al final después de pasar las salas de columnas, en una pared de la antecámara, Tarek nos contó bastantes cosas del templo.
A su lado, teníamos un grabado en la pared único. Un calendario. La precisión con que los egipcios hacían los calendarios, sus razonamientos, era fenomenal. Me empezaba a preguntar cuál era la civilización adelantada. Nosotros o ellos.

Hay que mencionar que los grabados en las paredes son tan bellos como en las tumbas, o en los templos que ya vimos. La perfección en los dibujos aun me sorprendía.
En la pared más interior del templo, hay unos grabados que son de utensilios de medicina, algunos de los cuales aún se utilizan hoy en día... y de eso hace más de 2000 años...

Por el exterior del templo, hay un Nilómetro, que era un medidor del caudal del Nilo. A mayor caudal, mayor cosecha, mayores impuestos.
También nos mostró un pozo donde antiguamente servia de criadero de cocodrilos.

Casi fuimos los últimos en salir del templo, por lo que aprovechamos para tomar todas las fotos posibles con ausencia de turistas.
Al salir, teníamos que andar un poco, pues el barco no estaría en el mismo lugar que nos había dejado, según Tarek. Pero al llegar al lugar previsto, tampoco estaba.
Mientras llegaba el barco, pudimos pasear por las tiendas de souvenirs que había al lado del embarcadero. La noche era estrellada, y además de intentar adivinar los dioses en las paredes, ahora me disponía a adivinar las estrellas en el cielo.

Al final el barco llegó, y después de embarcar, partimos hacia Assuan.
Hoy teníamos fiesta en el barco.
Cenamos y después a disfrazarnos para la fiesta de disfraces.
Y poco a poco, el bar discoteca se lleno de moros, princesas, y alguno que parecía un jeque árabe.
Para animar un poco la noche, Tarek se puso a bailar. Y bien que lo hacia.
Y luego se inventó un juego para que participáramos todos. Juego absurdo, pero lo que contaba era participar. Con el ambiente algo más animado, todos nos pusimos a bailar, o casi todos. Y como que el disc-jockey nos puso música actual, mezclada con algo de española, pues durante bastante rato, la noche estuvo animada. Al final, poco a poco todos se fueron marchando y tan solo nos quedamos 7 aguantando.
Tarek nos dijo que la música no se pararía hasta que hubiese alguien bailando. Y bien supongo que ya lo intentaron antes, pero a cada canción que nos ponían, nosotros la bailábamos. Cuando al final, las músicas ya eran imbailables, dimos por concluida la noche de disfraces.

Habíamos llegado a Assuan, y eran más de la 1 de la madrugada.

Mañana el madrugón sería menor, pero nos esperaba uno de los mejores días del viaje.
Pero eso seria mañana.

JUEVES 25 ENERO… … 4º DIA… … ASSUAN

ISIS

El teléfono de la habitación sonó para despertarnos. No debíamos de preocuparnos por despertadores ni horarios. Cada mañana, una hora antes de empezar la excursión del día, desde la recepción nos daban los buenos días vía telefónica.

No lo sabía aún, pero hoy iba a ser uno de esos días en que más iba a disfrutar.
Salimos del barco en dirección al famoso obelisco inacabado de Assuan. Por el camino, mientras observaba las calles de la ciudad, me preguntaba que podía tener de interesante un obelisco.
Assuan es una ciudad de casi 300.000 habitantes más conocida por su presa que no por sus encantos como ciudad.

En unos pocos minutos llegamos al obelisco, y antes de subir por las escaleras para contemplarlo desde lo alto, Tarek nos dió una explicación del porqué no estaba acabado, de las canteras, y sobre todo de como lo hacían los egipcios para cortar, pulir y transportar estas inmensas moles de piedra.

Las canteras de Assuan eran la principal fuente egipcia de granito y la mayoría de templos, estatuas y pirámides salieron de las estas canteras.
Este obelisco tenía que medir 42 metros de alto y su peso estimado estaría sobre las 1168 toneladas. Hubiese sido el mayor obelisco de pieza única construido. Pero se apreció un defecto en su construcción y se dejó inacabado. Ello ha permitido a los egiptólogos poder saber como se construían estos obeliscos.

Visto desde arriba impresiona su magnitud. Años atrás incluso se podía caminar sobre él. Por un momento miré alrededor y traté de imaginarme como podrían sacarlo de la cantera, en un solo bloque, como se las ingeniarían para transportarlo, para levantarlo...

Al salir del recinto del obelisco, tuvimos que sortear unos cuantos vendedores de un pequeño bazar que había en la salida. Por si no fuera poco, algunos de ellos nos siguieron hasta el autobús ofreciéndonos toda clase de souvenirs del país.

Del obelisco fuimos en autobús hacía un embarcadero para tomar una lancha que nos llevaría a la isla de Agilkia para ver el templo de Philae, dedicado a la diosa Isis.

Hace años, las aguas del embalse creado por la vieja presa de Assuan inundaban la isla de Philae y sus templos, 6 meses al año. Parecía que estaban destinados a perderse para siempre. En los años sesenta, cuando estaba a punto de finalizar la construcción de la Gran Presa, la UNESCO, organizó el rescate de los templos. Entre 1972 y 1980 se seccionó el enorme complejo para trasladarlo a la cercana isla de Agilkia. El paisaje de esta isla se alteró para que fuese lo más parecido al anterior e incluso los templos se colocaron de una manera lo más parecida a la original.
El culto a Isis en la isla de Philae se remontaba al siglo VI a. C, pero el templo de Isis se creé que es de construcción más tardía, sobre el 370 a. C.

El autobús nos dejó en una plaza con su bazar, como no, y tuvimos que andar unos metros para llegar al embarcadero. Este estaba lleno de gente esperando su lancha para subir y cuando Tarek nos lo indicó subimos a una para que nos llevara a la isla. Y para aprovechar el camino, teníamos a un precioso chico nubio, de unos 8 años de edad, vestido con una chilaba blanca y con unos ojos que daban brillo a todo lo que miraba, que nos vendía artesanía nubia.

En unos 15 minutos bordeamos la pequeña isla de Agilkia y llegamos a su embarcadero.
Estábamos delante del templo de Isis, uno de los iconos más representados en todo Egipto.
Una preciosa leyenda, con varios finales y unas historias con mucho parecido a la religión cristiana.

Las primeras explicaciones del templo, en el patio. El patio exterior está flanqueado por columnas hasta la entrada. El exterior es muy parecido a los templos que ya habíamos visto, pero este tenía todo un halo de romanticismo y majestuosidad que Tarek se encargó de explicarnos.
El segundo pilón nos condujo a una sala hipóstila de diez columnas, tras la cual está el santuario de Isis, y que en tiempos pasados albergaba una estatua de oro de la diosa.
Caminamos por el interior de las salas, dándonos cuenta que no es el templo más grande, pero si quizás el que atesora las más bellas historias. O eso creía yo.

Era el momento justo para que Tarek nos contase la leyenda, le preciosa leyenda de Isis, 0siris y Horus. De la misma leyenda hay tantas decenas de versiones diferentes... ¿ y cual es la cierta?. Oyendo hablar a Tarek con la seguridad con que lo hacía y con toda la cascada de datos que nos daba, empecé a creer a pies juntillas en sus explicaciones. Todo lo explicaba, lo razonaba, incluso las malas interpretaciones que pudiésemos tener, nos hacía dar cuenta de los fallos y de porque se producían. Una pasada.
Los alrededores del templo, merecen ser vistos. Sobre todo el quiosco de Trajano de una belleza impresionante. Además el hecho de tener vistas al mar, lo hacía más fotogénico.
Cerca del quiosco, está la puerta de Diocleciano, donde unos guardas estaban sentados escuchando música de una vieja radio. Al acercarnos nosotros subieron el volumen, como si quisieran que escucháramos su música. Lo mejor de esta puerta, es que asomándose por ella, se obtenía un paisaje precioso con varios islotes en medio de un mar azul.

Hacía calor. Se notaba que estábamos más hacía el sur. Seguimos caminando por los alrededores del templo, con su tienda de recuerdos correspondiente, llena de turistas japoneses. Lo mejor del templo, era su historia, sus leyendas...

Atum fue el dios creador para los antiguos egipcios. Este tuvo dos hijos, Shu y Tefnut. Uno de ellos mata al otro. Esto era el principio del mundo para los egipcios de hace más de 4500 años.
Tarek nos mostró la semejanza con la religión cristiana. Dios, Caín, Abel. Uno mata al otro.
Puestos a buscar más parecidos, podríamos seguir con la cruz cristiana, y el Ang, el símbolo de la salud y vida eterna, muy parecido en forma a la cruz...
Y nos contó más semejanzas, tantas, que enumerarlas todas requeriría mucha explicación y para ello, ya hay buenos libros de historia religiosa.

Para terminar la visita, nos fuimos hacía la zona de las tiendas y los servicios, para contemplar después que una parte del templo permanecía en obras, en restauración, convenientemente señalizada para que nadie cruzase... aunque siempre algún turista se salta esa advertencia.

Regresamos a la lancha, y de nuevo nuestro joven vendedor vino con nosotros.

Después del paseo en lancha, ahora nos íbamos a una tienda de perfumes.
Varios miembros del grupo mostraron su interés en ir a una tienda de perfumes, y Tarek lo arregló para llevarnos a una. Lógicamente, comisión.

La tienda de perfumes estaba regentada por una madrileña que se casó con un egipcio y se quedó a vivir en Assuan. Al menos nos hablarían en castellano.
La visita a la fabrica de perfumes, empieza con una demostración de cómo se fabrican las botellitas pequeñas de cristal, que albergan el perfume, botellas que también se venden en la tienda, como no.

Y después nos dejan oler varias muestras de perfumes, que según la dueña eran la base de perfumes conocidos. Cada perfume egipcio de la tienda y había bastantes, servía de base para varias de las mas conocidas y famosas marcas.
Nombre egipcios exóticos para marcas super comerciales. Olfateamos 3 tipos de perfume masculino y 3 de femenino, todo ello mientras la casa nos invitó a una bebida: coca cola, té o Karkade. Cada perfume se vendía en botellitas de 25, 50 o más gramos y con oferta... comprando 3 botellas te regalaban la cuarta.
He de reconocer que yo no olí ninguno, pues tenía la nariz completamente congestionada, y me deje llevar por el buen criterio de Encarna.
La mayoría acabamos comprando algún perfume además de las botellitas de cristal correspondientes. Hay un perfume especial, único, el llamado Flor de Loto. Un perfume solo egipcio que no llega a exportarse pues está considerado patrimonio del país. Aunqué si se vende en pequeñas dosis a los turistas; mientras esperábamos que el resto del grupo terminase, una nueva remesa de turistas, hacia su entrada. Más dinero, más comisión.

Después de las compras, al barco, a comer. La tarde se preveía intensa.

Después de la comida, una lancha nos llevó hasta una faluca. En la faluca íbamos a recorrer los alrededores de Assuan, para acercarnos después a un poblado Nubio.
Navegar en faluca, con el viento, es una sensación increíble. Pero lo mejor de todo, era nuestro “capitán”. Juan.
Juan, debía de tener unos 40 y pocos años. Tez morena, túnica blanca y un gorro de colorines como la bandera de jamaica. Tenía un tono de voz dulce, tranquilo, muy pausado, y él escucharle contar su vida, sus viajes por España, sus años de fiesta, y de meditación posterior, su regreso a su ciudad, y todo ello en el marco incomparable de los paisajes que las orillas del Nilo nos ofrecían, eran una sensación única. Estaba tan atento a sus palabras que casi no prestaba atención a los colores que el desierto me brindaba. Hubiese podido estar horas y horas escuchándole, mirándole, e interpretando cada uno de sus silencios, de sus palabras.
Al llegar a un punto, cambiamos de barco. Cogimos otra embarcación a motor, mientras parte del grupo regresaba al barco.
En este nuevo barco teníamos fruta y bebidas a nuestra disposición.
Por el camino, observamos de lejos el jardín botánico de Assuan, el mausoleo de Agha Khan que no es más que una tumba emplazada en lo alto de una pequeña colina. Bordeamos la isla Elefantina, cuna de la ciudad de Assuan y proseguimos camino hacia el poblado Nubio.

Este trayecto fue uno de los que me proporciono las estampas más bellas de todo el viaje. A mi derecha, el desierto, el árido, infinito y majestuoso desierto. A mi izquierda, palmeras, vegetación, humildes casas con techo de uralita, vacas, pastores y contrastes brutales de colores. El río era el adorno perfecto a esta postal infinita que estaba creando con mis ojos. A veces, niños, crios de 8 o 10 años se tiraban al agua para nadar a nuestro lado, o con sus rudimentarias barcas, se arrastraban de nuestra lancha, mientras intentaban llamar nuestra atención a cambio de alguna propina. Las barcas iban pintadas con los colores del Barça...

Por el trayecto, cruzamos la 1ª catarata del Nilo. Un pequeño trozo de río, lleno de piedras y rocas, que la barca debía de esquivar con sumo cuidado. Yo me imaginaba una catarata como en las películas, con un salto de agua más o menos grande, y no, no era esto.

Y después de un paseo por el río que se me hizo corto, llegamos al poblado Nubio, o mejor dicho a la orilla. Para llegar al poblado había dos opciones. Seguir con la barca hasta la misma aldea o bien ir en camello por un camino de arena de unos 2 kilómetros.
Al poner los pies en la arena, una manada de vendedores se abalanzan sobre nosotros, mientras mi vista se distrae por el inmenso top manta de objetos en el que se ha convertido la arena.
Y puestos a hacer el turista, lo haríamos entero. Me subí a un camello... y Encarna y la mayoría del grupo...

El subirse a un bicho de estos, tiene truco, pues cuando se levanta, o te agarras bien o te caes.
Y todos en fila india, empezamos a recorrer los metros que nos faltaban para llegar al poblado. Cada camello llevaba su guía, y el trayecto era tranquilo, a no ser como nos pasaba a veces que sin saber porque, el bichito empezaba a correr y a adelantar a los que iban por delante de mí.
El ir a lomos de un camello, a paso lento, me permitió hacer unas fotos fantásticas de los paisajes que mis ojos no paraban de grabar en mi memoria.
Subir al camello es complicado, pero bajar, tiene peligro. Aun no se como no me caí.

Juan nos estaba esperando para llevarnos hacia su casa. La casa de Juan, estaba en el pueblo de Sehel.
Juan nos enseñó su casa, a su madre durmiendo en una habitación, a su esposa y a sus hijas. Y sobre todo sus cocodrilos. Algunos pequeños, que podían cogerse con la mano. Otros a los que había que vigilar para que no nos cogiesen la mano a nosotros.

Nos preparó un té, mientras nos iba contando cosas de su vida, de su casa, de su familia.
El pueblo Nubio, alterno etapas de paz con el antiguo Egipto con otras de mucha beligerancia. Los nubios, los faraones negros, llegaron a sentarse al trono de Egipto, en la XXV dinastía, allá por siglo VIII a. C.
Los Nubios en la actualidad conservan una especie de estatus especial y se muestras orgullosos de sus diferencias y sobre todo de su historia.
Tierra repartida entre Egipto y Sudan, fue muy codiciada en tiempos de los faraones, pues para Egipto esta tierra era la que aportaba hombres y riquezas, además de otras materias que los egipcios necesitaban.
Al rato llegaron dos chicas, dos adolescentes que hacían tatuajes de Alheña, henna en árabe...
Dibujos sencillos, pero que hacían con una rapidez increíble.
La casa de Juan, era un lugar de paz, de color y de moscas, muchas moscas.
Después nos invitó a subir a su terraza, desde la que se veía una vista de todo el pueblo. Al rato aparecieron unos niños. Sin decir nada se pusieron a nuestro lado, reían, nos miraban y nos hablaban...sus ojos tenían un brillo increíble.

Salimos de la casa y paseamos un poco por el poblado. Calles de arena, casas de adobe, y algunas esperando a caerse muy pronto....al acercarnos a lo que podía ser la calle principal del pueblo, un aluvión de crios pidiendo propina aparecieron de repente, además de unos cuantos vendedores de cualquier cosa. La mayoría no eran ni del poblado, sino que se desplazan de aldeas vecinas, para aprovechar la visita de los turistas.

Con alguna dificultad por el acoso, llegamos a la lancha, y con ella, y con el atardecer a nuestras espaldas, emprendimos el regreso al barco.
No había visto templos, ni tumbas ni piedras, pero había sido la visita más especial para mí...
¿Y por que?, supongo que lo que la hizo así, fue nuestro anfitrión, un nubio llamado Juan

Llegamos al barco, y después de unos momentos de relax, ahora tocaba visita a una joyería. Algunos del grupo querían visitar una joyería “con garantía” y Tarek, “amablemente” se ofreció a acompañarnos.
Y la joyería era del marido de la dueña de la tienda de perfumes de esta mañana.
Confieso que yo ya vine a Egipto con ganas de hacerme un cartucho con mi nombre en jeroglífico.
Y claro, estando en un joyería, “ de garantía”, y que además te lo grababan al momento o si no te lo traían al barco, pues esta claro que salí de la joyería con un cartucho.
Era un capricho. Un capricho egipcio.

Volvimos al barco y a cenar. Esta vez nos obsequiaron a todos con un pastel en el que se podía leer, “feliz viaje”. Era nuestra última noche en el barco. Después de la cena, espectáculo. Espectáculo oriental.

Primero actuó un chico que hacia vueltas y más vueltas como los derviches, aunque su traje era de más colorido y hacia figuras con sus ropas. No estuvo mal.
Luego actuó una chica imitando a las bailarinas de danza del vientre. Sus pechos extremadamente grandes, sus labios gruesos y su rostro en general nos hacían albergar sospechas de que era una travestí.
El baile de la bailadora, fue penoso. Intento arreglarlo algo invitando a salir a bailar a algunas chicas y después a todo el que podía.

Después del baile, del penoso baile, nos quedamos charlando un rato. Pero como el cansancio aparecía, nos fuimos a nuestra habitación, a disfrutar de la última noche en el barco.

Lo que no sabíamos es que teníamos un barco al lado, como siempre, pero en el que la música discotequera, mayormente española, se nos colaba en la habitación, con la misma intensidad que si estuviésemos nosotros en ella. Costo dormir, pero cuando los cánticos del barco se apagaron, todo fue más fácil.

Precioso día el de hoy. Y mañana me esperaba la joya del viaje. Abu Simbel
Pero eso seria mañana.


VIERNES, 26 DE ENERO… …5º DIA… … ASSUAN-ABU SIMBEL

RAMSES

Si un nombre destaca en todo Egipto, este es el de Ramsés, Ramsés II, pues la saga de los Ramsés abarca hasta el número XII. Y hoy íbamos a comprobar uno más de los motivos de esta fama.
El día empezó tranquilo, con un ligero madrugón, después de una noche de semi fiesta.
Nos dirigíamos al aeropuerto para coger el vuelo hacía Abu Simbel, aunque antes haríamos una breve parada por la presa de Assuan, la mega presa.

Tarek se enorgullecía al contar como fué construida, lo que representó y aún representa para Egipto esta enorme obra de ingeniería. Hablar de números, metros y capacidades para comprenderla es inútil. Hay que verla. Mientras nos iba contando cosas de la historia, del pasado reciente de Egipto, relacionándolo con la presa, se notaba que Tarek tenía una visión bastante particular de la historia, no en vano era un musulmán practicante y convencido, políticamente correcto y sin dar una sola muestra de partidismo. O al menos eso era lo que intentaba.
Paramos en medio de la presa, en un área delimitada para ello, donde la policía militar, armada, iba controlando que nadie se acercara más de la cuenta a la estación eléctrica, o al campamento militar. La presa es considerada un “edificio” militar.
Las crecidas del Nilo, la producción de energía, el desarrollo industrial del país, dependían de la construcción de la que ahora nosotros nos empeñábamos en hacer fotos.

Costaba imaginar que bajo aquellas aguas, hace años existieron decenas de templos, de santuarios, de pueblos, y que tan solo la cooperación internacional permitieron salvar de morir para siempre bajo las aguas. Mirar el lago Nasser desde la presa, era establecer la mirada en el infinito, en la lejanía, pero sabiendo que mañana, nosotros navegaríamos por esas aguas.
Después de visitar, o mejor dicho de dar unos pasos por encima de la presa, nos dirigimos al monumento a la cooperación egipcio-soviética. Un monumento de piedra gigantesco, blanco, con 5 enormes estructuras unidas en lo alto con un circulo, eran el monumento erigido hace años por el pueblo egipcio, dando las gracias al pueblo soviético por su ayuda, sobre todo económica en la construcción de la presa. El monumento en si, es mas bello de lejos que de cerca, aunque el acercarse para contemplarlo con toda su majestuosidad es recomendable. Después de hacer las fotos de rigor, nos entretuvimos con unos niños preciosos, morenos que se nos acercaron atraídos por la curiosidad y por nuestra cámara de fotos. Sus ojos grandes, negros, llenos de vida, eran el perfecto contrapunto a sus ropas de colorines algo desgastadas.

De nuevo al autobús, para dirigirnos ya si, hacia el aeropuerto. La entrada estaba custodiada por policías, a los que el conductor les dirigió algunas palabras mientras algunos de ellos miraban desde el exterior quienes íbamos dentro.
Varios maleteros se abalanzaron sobre nuestras maletas. Tarek nos dijo que no nos preocupásemos que nos las llevarían hasta la entrada y una vez allí nos las darían. Ellos no podían entrar al edificio del aeropuerto. Tampoco debíamos de darles propina. Esta ya estaba incluida en el total del viaje. Cuantas veces agradecimos el no tener que dar propina continuamente!!!

Varios controles, detectores de metales, algún cacheo y a esperar el avión. La sala de espera era como la de un aeropuerto cualquiera, con tiendas de comida, de recuerdos, y gente sentada esperando. En las tiendas estaba permitido el regateo, como no.

Nuestro vuelo a Abu Simbel salió puntual. Vuelo corto, en el que nos entretuvimos mirando los paisajes desérticos que la altura nos iba proporcionando.
Nuestra piloto era una mujer, y eso nos dió pie para hablar con Tarek de la situación de la mujer en Egipto. A ojos de Tarek, las mujeres vivían muy bien en su país. Sin discriminación, con igualdad de oportunidades, con los mismos derechos del hombre….

La salida del aeropuerto de Abu Simbel fué un pequeño caos. El aeropuerto estaba en obras y nuestras maletas salían por una cinta que daba a una sala pequeña, en obras y colapsada tanto por nosotros, como por las maletas de los demas pasajeros.
Salir de allí, medianamente en orden era misión casi imposible. Subimos al autobús y esperamos…y seguimos esperando…esto nos dió pie para comprobar la otra cara de nuestro guía. En nuestro autobús no hacían más que subir japoneses, y maletas, y Tarek empezó una discusión acaloradísima con el chofer. Tanto gritaban que pensé que se iban a liar a golpes en cualquier momento. La cara de Tarek estaba roja, a punto de estallar. No se que dió pie a la paz, pero durante el traslado en autobús, Tarek no abrió la boca para nada. Más adelante nos contó lo que pasó, y también nos hizo una advertencia: yo cuando me enfado, soy peligroso.

En unos minutos llegamos al destino. Teníamos un nuevo barco que nos esperaba, a los pies de Abu Simbel. Caminamos por un camino de tierra, mal señalizado y llegamos al Princess Abbas, nuestro nuevo hotel.
A nosotros nos dieron una suite, la habitación Nefertari, en la parte delantera del barco, con una gran ventana que nos permitía estar tumbados en la cama, y ver como navegábamos. Las ventanas de nuestra habitación tenían truco. Desde dentro podíamos ver todo el exterior. Y desde el exterior no se podía ver nada del interior….pero cuidado, si encendíamos la luz, entonces todo lo invisible salía a la luz. Peligro.
Comimos rápido, de menú, y compartimos mesa con la familia Roure. La mesa era para 6, por lo cual durante toda la travesía nos vimos “obligados” a compartir mesa, aunque en ningún momento fué una obligación, pues nos sentíamos muy a gusto con ellos.

Después de comer, la joya de todo el viaje nos esperaba. La visita al templo de Ramsés II. La visita de Abu Simbel.
Volvimos a hacer el camino de tierra que nos llevaba hasta el templo y al entrar en el recinto, un pequeño camino bordea por la derecha la montaña en donde se ubica el más maravilloso de todos los templos visitados. El lago de fondo. A cada paso me acercaba más a mi objetivo. Quería ver la típica imagen de postal del templo, pero quería verlo con mis ojos. Debo reconocer que el corazón me latía con fuerza y que al llegar frente a él, me quedé como perplejo, atontado, absorbido por la fuerza que 4 estatuas milenarias me transmitían.
Tarek empezó a contarnos cosas del templo, de su construcción, de su historia, de sus curiosidades…yo le escuchaba, o quería escucharle, pero mis ojos, no paraban de escrutar cada rincón de la fachada.
Salvado de morir bajo las aguas, salvado gracias a la cooperación internacional, Abu Simbel emerge como uno de los mejores iconos de Egipto. Tan sólo los que lo han visitado, me comprenderán. Y los que no lo han hecho, encontraran razones para no dejar de visitarlo.

Excavado en la montaña de la orilla occidental del Nil

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Autor Hilo

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